15 maneras de enamorarte de la Divina Misericordia…

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Seamos apóstoles vivientes de la gran misericordia de Dios, él se regocija en los que confían en su misericordia…

¡La misericordia de Dios es su mayor atributo! Santa Faustina, San Juan Pablo II y el angélico doctor Santo Tomás de Aquino ¡están de acuerdo por unanimidad! La misericordia no es otra cosa que el amor de Dios que perdona al pecador.

Dios anhela inundar el mundo entero con su infinita misericordia; es como un fuego ardiente consumiéndolo y que Él desea tan ardientemente otorgarlo a todos, pero son demasiado pocos los que saben de su misericordia y aún menos los que desean recibir este obsequio.

Quizás nosotros estemos entre aquellos que entienden la misericordia infinita de Dios, la reciben y también tratar de promoverla. ¡Seamos apóstoles vivientes de la gran misericordia de Dios, él se regocija en los que confían en su misericordia y además lo promueven a todo el mundo!

Dios escogió a Santa Faustina Kowalska para que fuese su embajadora y promotora ardiente de la más sublime de las virtudes de Dios, la Divina Misericordia, dando difusión a través del clásico escrito: “El diario de la misericordia en mi alma.”

¿Cómo entonces podemos comprender, abrazar, vivir y promover la infinita Misericordia de Dios en nuestras vidas y en las circunstancias concretas en las que estamos viviendo en este momento?

A continuación ofrecemos quince maneras de enamorarse de la Divina Misericordia. Para que podamos ser heraldos y apóstoles de la Divina Misericordia. Para que un día en el cielo sea alabada la Misericordia de Dios por toda la eternidad.

1.- Leer el “Diario de la Divina Misericordia en mi alma” de Santa Faustina.

Todos debemos tener esta obra maestra, que es un clásico espiritual y tener el hábito de leerlo, meditarlo, contemplarlo, orar, amar y vivir este mensaje sencillo pero sublime que Dios ha dado al mundo moderno. Lo que el mundo necesita hoy más que nunca es entender y vivir el Evangelio de la Misericordia. Cada día entremos en el hábito de la lectura durante cinco minutos o, al menos, uno de los 1820 párrafos de este ¡regalo de Dios! ¡Empieza hoy! Una sugerencia más: trata de poner en práctica lo que estás leyendo.

2.- Entroniza la imagen y hónralo.

Compra una bella imagen de la misericordia divina y entronízalo en tu casa en un lugar honorable. Recuerda bendecir la imagen por medio de un sacerdote católico. Honra la imagen con frecuencia. Muestra a los que entran en tu casa que Jesús, el Rey de la Misericordia es el rey de esta casa, el rey de todos los que entran en esta casa. ¡Dios promete bendiciones muy especiales a los que honran esta imagen a través del tiempo y las bendiciones alcanzan toda la eternidad! Promueve la entronización de las imágenes de la Divina Misericordia en otras casas. ¡Enseña a los niños y a los jóvenes acerca de la infinita misericordia de Dios! Esto traerá una gran alegría al Sagrado Corazón de Jesús.

3.- Reza la Coronilla de la Divina Misericordia.

Fórmate el hábito de rezar la Coronilla de la Divina misericordia tan a menudo como sea posible; sólo se tarda unos cinco minutos. Se puede rezar en la iglesia, en casa, en el automóvil, en la fila del supermercado, en cualquier momento y en cualquier lugar. Jesús exhortó a Santa Faustina que orara frecuentemente. Esta oración aplaca la ira de Dios y tiene el poder de convertir el más duro de los pecadores. “A través de los méritos de tu dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.”

4.- La hora de la Misericordia.

Trata de ser cada vez más consciente de la hora de la misericordia; esto es a las 3:00 pm todos los días. Jesús le pidió a Santa Faustina que rezara el Vía Crucis a esta hora, o que visitara el Santísimo Sacramento del altar, o al menos se uniera a la pasión, agonía y muerte de Jesús en la cruz en la hora de la misericordia, que fue la hora y el minuto en que Jesús murió en la cruz por la salvación de nuestras almas. En tu caso, al menos trata de recordar la hora de la misericordia y de unirte tú mismo o misma con la última agonía y muerte de Jesús en la cruz y luego pide al Padre cualquier gracia que desees. Para Dios es especialmente agradable que se le pida la conversión de los pecadores en el lecho de muerte.

En este momento Dios Padre está contemplando la agonía, el sufrimiento y la muerte de su amado Hijo Jesús, ¡y justo ahí no nos puede ni quiere negar nada! A menudo pediré al Señor Jesús por medio de su más amarga pasión,  la conversión y salvación de todos los que morirán por la tarde y por la noche. Dios ama la salvación de las almas y así debemos amarla también.

5.- Novena de la Divina Misericordia.

Es muy agradable a Dios que hagamos la novena de la Divina Misericordia. Esta novena comienza el Viernes Santo y tiene una duración de nueve días hasta la Solemnidad de la Divina Misericordia, que es el domingo después del Domingo de Pascua. Cada día hay una intención de oración especial que Dios inspiró a Santa Faustina y que ella escribió en el diario. Las intenciones son muy inspiradoras ¡y son un modelo para la oración de petición! Esta novena también se puede rezar en cualquier momento durante el transcurso del año, pero sobre todo desde el Viernes Santo hasta el Domingo de la Misericordia.

6.- Domingo de la Misericordia.

Vivir el domingo de la Misericordia lo más intensamente posible. Como se dijo anteriormente es el domingo siguiente al domingo de Pascua y se instituyó como fiesta litúrgica formal en el año 2000 por san Juan Pablo II (que en aquella ocasión cayó el 30 de abril, domingo después de Pascua). Ese mismo día, el Santo Padre, el Papa Juan Pablo II canonizó a Santa Faustina Kowalska; ella fue la primera santa canonizada en el nuevo milenio. El gran Papa de la Divina Misericordia, el Papa Juan Pablo II declaró con emoción sincera que este era el día más feliz de su vida. Se sentía a sí mismo como un verdadero apóstol de la Divina Misericordia al empezar el nuevo milenio instituyendo esta solemnidad y canonizando a la santa que Dios usó como un instrumento clave para traer al mundo esta gracia extraordinaria.

7.- Obtención de la promesa de la Divina Misericordia.

Entre las más extraordinarias promesas de la Divina Misericordia es la que podemos recibir el domingo de la Misericordia. ¡Eso es! Si hacemos una buena confesión sacramental en el momento de la semana de Pascua o incluso Cuaresma, y luego recibimos la Santa Comunión el domingo de la Misericordia con gran fe, devoción y amor, entonces todos nuestros pecados del pasado son totalmente perdonados. Pero no sólo nuestros pecados son perdonados, sino también la pena temporal por estos pecados queda totalmente perdonada. “Si vuestros pecados fueren rojo escarlata, los haré tan blancos como la nieve.” (Is. 1:18) En concreto, esto significa que tenemos nuestra inocencia bautismal restaurada en nuestras almas. Si nos morimos después de recibir este privilegio entonces nos vamos directamente al cielo. ¡Esta es una gracia extraordinaria que siempre deberíamos recibir cada año el domingo de la Misericordia! Difundamos la Buena Nueva a todo el mundo.

8.- Buenas confesiones.

Otra manera concreta en la que podemos vivir la misericordia es asistir frecuentemente al Sacramento de la Confesión, también conocido como el Sacramento de la misericordia infinita de Dios. Cada vez que hacemos una buena confesión sacramental, el Padre amante de la parábola del hijo pródigo nos abraza con el amor más tierno y hay alegría y fiesta en el cielo entre los ángeles y los santos (Lucas 15). Haz el hábito de ir al menos una vez al mes a recibir el Sacramento de la misericordia de Dios y trae a toda tu familia. Ser apóstol del Sacramento de la Confesión es muy agradable a Dios. ¡Una buena confesión sacramental nos inunda con un océano de la misericordia de Dios!

9.- Sé misericordioso así como tu Padre celestial es misericordioso.

La misericordia de hecho es una calle de dos vías, y no de un solo sentido. Si queremos recibir la misericordia de Dios en nuestras vidas, entonces debemos estar constantemente listos y dispuestos a ser misericordiosos con aquellos que nos han herido y ofendido. La oración más famosa del mundo es el Padre Nuestro, en el que se reza: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden…” Estas palabras del Señor son inequívocamente claras: si queremos que Dios nos perdone, entonces debemos necesariamente estar dispuestos a perdonar a los demás, ¡siempre y en todo momento! Recuerda el mandato del Corazón de Jesús: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso.” ¡Tomemos en serio estas palabras del corazón

10.- Actos de misericordia diarios.

Jesús también dijo a Santa Faustina que Él desea que practiquemos al menos un acto de misericordia todos los días. Hay tres maneras diferentes en que esto se puede llevar a cabo:

Palabras: decir una o más palabras amables a alguien; esto puede levantar su espíritu cansado y afligido;

Hechos: llevar a cabo algún acto concreto de misericordia; Busca las 7 obras de misericordia corporales y las 7 espirituales y tratar de hacer por lo menos una de ellas al día;

Oraciones. Ora por alguna persona, eso es agradable a Dios,  y acompaña la oración con un acto de piedad hacia alguien. Por cierto Jesús nos recuerda que todo lo que hacemos a los demás realmente se lo hacemos a Él. (Mt. 25: 31-46)

11.- La Coronilla durante la agonía.

Es de mayor importancia con respecto a la salvación de las almas, el rezar la Coronilla de la Divina misericordia, sobre todo cuando la persona se encuentra en sus últimas horas, los últimos momentos, su última agonía. Son momentos de gran prueba, tribulación y en ocasiones de tentación. Jesús prometió que si alguien está rezando esta coronilla cuando la persona se está muriendo entonces el alma se salvará. Por lo tanto hagamos lo que San Pablo nos recuerda, completar lo que le falta a la pasión de Cristo, esforzándonos por salvar almas rezando la coronilla en la cabecera de los moribundos.

12.- Distribuye tarjetas de la Divina Misericordia.

Otra práctica sencilla pero que puede ser muy agradable a los ojos de Dios es adquirir un paquete de tarjetas con la imagen de la Divina Misericordia (¿qué tal unas mil?) Y simplemente distribuirlas en todos lados, por ejemplo, en reuniones de oración, funerales, bodas, misas de la primera comunión, en el parque e incluso en la tienda de comestibles para darlas a conocer en abundancia y así ¡Dios te recompensará en abundancia!

13.- La Eucaristía y la Divina Misericordia.

Entra en el hábito de visitar el Santísimo Sacramento. De hecho cada vez que estamos orando de rodillas frente al Santísimo Sacramento estamos en la presencia del Sacratísimo Corazón de Jesús y en contacto con su Divina Misericordia. ¡Que los rayos de Su Divina Presencia transformen nuestro corazón en uno lleno de los más nobles sentimientos de piedad!

14.- Comunión y Misericordia.

El acto más grande es el de asistir al Santo Sacrificio de la Misa y recibir la Santa Comunión. La verdad es que cada Santa Comunión contiene el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo. Eso significa que en realidad recibimos su Sacratísimo Corazón; en un sentido real, tenemos un trasplante espiritual de corazón de cada vez que recibimos la Santa Comunión con fe, devoción y amor.

15.- Nuestra Señora y la Misericordia.

Estaríamos incompletos si no invitamos a la Virgen a que nos ayude a comprender, amar y vivir el mensaje de la Divina Misericordia. San Alfonso afirma que nunca debemos tener el temor de acercarnos a la Virgen. En Dios hay dos atributos opuestos: misericordia y justicia. Sin embargo, en la Virgen hay misericordia pura. Al final de cada Rosario rezamos el Salve… “Salve, Madre de Misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra…” Que la Virgen alcance para nosotros un entendimiento más y más profundo de la misericordia infinita de Dios por las almas, la misericordia infinita de Dios para nuestra familia, la misericordia infinita de Dios ¡para ti y para mí!.

Conclusión: Que la oración del salmista sea la oración que desborde nuestros corazones y nuestra vida ahora y siempre: “. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia” Alabemos la Misericordia de Dios hoy, aquí, en el tiempo, de manera que en el cielo alabemos su Misericordia siempre, para toda la eternidad.

 


Adaptación y traducción al español por Rafael Ruiz, para PildorasdeFe.net, de artículo publicado en: Fr Ed Broom´s Blog, autor: Fr. Ed Broom, OMV