Evangelio del día: El amor de Dios te libera de tristezas y vacíos…

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San Lucas 10,21-24 – I Martes de Adviento: La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús…

Evangelio según San Lucas 10,21-24

Se ha revelado el Evangelio a los humildes: En aquel tiempo, Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: “¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!” Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

Jesús se llenó de alegría en el Espíritu Santo, dirigiéndose al Padre y glorificándolo. Este momento de profunda alegría brota del amor profundo de Jesús en cuanto Hijo hacia su Padre, Señor del cielo y de la tierra, el cual ha ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las ha revelado a los pequeños.

Dios ha escondido y ha revelado, y en esta oración de alabanza se destaca sobre todo el revelar.

¿Qué es lo que Dios ha revelado y ocultado? Los misterios de su Reino, el afirmarse del señorío divino en Jesús y la victoria sobre Satanás.

Dios ha escondido todo a aquellos que están demasiado llenos de sí mismos y pretenden saberlo ya todo. Están cegados por su propia presunción y no dejan espacio a Dios.

Uno puede pensar fácilmente en algunos de los contemporáneos de Jesús, que Él mismo amonestó en varias ocasiones, pero se trata de un peligro que siempre ha existido, y que nos afecta también a nosotros.

En cambio, los “pequeños” son los humildes, los sencillos, los pobres, los marginados, los sin voz, los que están cansados y oprimidos, a los que Jesús ha llamado “benditos”.

[…] “Sí, Padre, porque así te ha parecido bien”. Las palabras de Jesús deben entenderse con referencia a su júbilo interior, donde la benevolencia indica un plan salvífico y benevolente del Padre hacia los hombres.

[…] Jesús, al ver el éxito de la misión de sus discípulos y por tanto su alegría, se regocija en el Espíritu Santo y se dirige a su Padre en oración. En ambos casos, se trata de una alegría por la salvación que se realiza, porque el amor con el que el Padre ama al Hijo llega hasta nosotros, y por obra del Espíritu Santo, nos envuelve, nos hace entrar en la vida de la Trinidad.

El Padre es la fuente de la alegría. El Hijo es su manifestación, y el Espíritu Santo, el animador. Inmediatamente después de alabar al Padre, Jesús nos invita:

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera» .

La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. (Mensaje del Papa la Jornada Mundial de las Misiones 2014)

Oración de Sanación

Mi Señor, Tú has llenado mi corazón de esperanza desde aquel día que me comprometí a servirte y a dar la batalla por ganarme tu Reino en este mundo que me presenta valores contrarios a los tuyos. Te doy gracias porque además me has llenado de tantos dones que a veces hasta paso desapercibido, y por todo aquello que has sembrado en mi vida que me ha permitido ser feliz

Gracias por tu amor y por descubrirte en cada gesto sencillo de mi vida, por regalarme tu presencia en todo momento y por estar a mi lado haciéndome sentir que soy amado y afortunado de contar con tu poder y tu gracia.

Quiero vivir con sencillez, humildad y gratitud, para ello, cuento con tu guía y las inspiraciones del Espíritu Santo para no apartarme de tu camino y cuando siento que no me alcanzan las fuerzas para seguir

Líbrame de la trampa del egocentrismo, de la soberbia y el orgullo, quienes son los enemigos más mortíferos que pueden invadir a mi alma.  Aparta de mi mente todo pensamiento de desánimo que me haga sentir que todo está perdido. Quiero darte lo mejor de mí en cada acción que realice, en cada situación de vida, en cada palabra y gesto que dirija a mis semejantes. Quítame, Señor mío, toda sensación de angustia y dolor, de miedo e inseguridad.

Estoy en tus manos, Tú me proteges, confío en tu amor y en que tus santos ángeles me muestran el camino para seguir adelante con sabiduría y serenidad. Gracias por amarme y por acompañarme todos los días manifestándome lo valioso que soy para Ti. Te amo y confío en tu providencia. Amén

Propósito para hoy

Compraré o prepararé un almuerzo o merienda para una persona en condición de calle y le daré la bendición al entregárselo

Frase de reflexión:

“En la cruz de Jesús se puede ver toda la fuerza del mal, pero también toda la omnipotencia de la misericordia de Dios”. Papa Francisco

Redacción y diálogo: PildorasdeFe.net | Audio: Fraynelson.com

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