Evangelio del día: Sólo un corazón manso siente necesidad de abrirse a Dios…

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San Juan 8,21-30 – V martes de Cuaresma: El que me envió está conmigo, y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que a Él le agrada…

Evangelio según San Juan 8,21-30

Conocerán que Yo Soy: “En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo me voy y ustedes me buscarán, pero morirán en su pecado. A donde yo voy ustedes no pueden venir”. Dijeron entonces los judíos: “¿Estará pensando en suicidarse, y por eso dice: “A donde yo voy, ustedes no pueden venir?”. Pero Jesús añadió: “Ustedes son de aquí abajo y yo soy de allá arriba; ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Se lo acabo de decir: morirán en sus pecados, porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados”. Los judíos le preguntaron: “¿Quién eres tú?” Jesús les respondió: “Precisamente eso que les estoy diciendo. Mucho es lo que tengo que decir de ustedes y mucho que condenar. El que me ha enviado es veraz y lo que yo le he oído decir a Él es lo que digo al mundo”. Ellos no comprendieron que hablaba del Padre. Jesús prosiguió: “Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces conocerán que Yo Soy y que no hago nada por mi cuenta: lo que el Padre me enseño, eso digo. El que me envió está conmigo, y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que a Él le agrada”. Después de decir estas palabras, muchos creyeron en Él” Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

Al Padre, sólo el Hijo lo conoce: Jesús conoce al Padre… En efecto, es muy grande la unión entre ellos: Él es la imagen del Padre; es la cercanía de la ternura del Padre a nosotros. Y el Padre se acerca a nosotros en Jesús.

Jesús repitió muchas veces: «Padre, que todos sean uno, como tú en mí y yo en ti». Y prometió el Espíritu Santo, porque precisamente el Espíritu Santo es quien hace esta unidad, como la hace entre el Padre y el Hijo.

El Padre, por lo tanto, fue revelado por Jesús: Él nos hace conocer al Padre; nos hace conocer esta vida interior que Él tiene. Y ¿a quién revela esto, el Padre?, ¿a quién da esta gracia?. La respuesta la da Jesús mismo, como dice san Lucas en su Evangelio: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños».

Sólo quienes tienen el corazón como los pequeños son capaces de recibir esta revelación. Sólo el corazón humilde, manso, que siente la necesidad de rezar, de abrirse a Dios, que se siente pobre. En una palabra, sólo quien camina con la primera bienaventuranza: los pobres de espíritu.

Muchos pueden conocer la ciencia, la teología incluso. Pero si no hacen esta teología de rodillas, es decir, humildemente, como los pequeños, no comprenderán nada. Tal vez nos dirán muchas cosas pero no comprenderán nada. Porque sólo esta pobreza es capaz de recibir la revelación que el Padre da a través de Jesús, por medio de Jesús.

Y Jesús viene no como un capitán, un general del ejército, un gobernante poderoso, sino que viene como un brote, según la imagen de la lectura, tomada del libro del profeta Isaías (11, 1-10): “Pero brotará un renuevo del tronco de Jesé”.

Por lo tanto, Él es el renuevo, es humilde, es manso, y vino para los humildes, para los mansos, a traer la salvación a los enfermos, a los pobres, a los oprimidos, como Él mismo dice en el cuarto capítulo de san Lucas al visitar la sinagoga de Nazaret.

Y Jesús vino precisamente para los marginados: Él se margina, no considera un valor innegociable ser igual a Dios. En efecto, se humilló a sí mismo, se anonadó. Él se marginó, se humilló para darnos el misterio del Padre y el suyo.

Pidamos la gracia al Señor de acercarnos más, más, más a su misterio, y de hacerlo por el camino que Él quiere que recorramos: la senda de la humildad, la senda de la mansedumbre, la senda de la pobreza, la senda de sentirnos pecadores Porque es así, concluyó, Él viene a salvarnos, a liberarnos. (Homilía en Santa Marta, 2 de diciembre de 2014)

Oración de Sanación

Señor mío, tu habita en mi corazón desde el momento en que te dejé entrar a mi vida. No quiero nada más que tu presencia, sentir la libertad que me das y las fuerzas para ya no ser esclavo de nada.

Te bendigo por un día más, por sentir alivio en tu compañía cuando se me acercan las pruebas, porque a tu lado puedo respirar cuando los problemas quieren ahogarme.

Sé que nada puede separarme de Ti. Tú eres el gran YO SOY, el que abrió caminos de bendiciones y dispuso mi corazón a la salvación para disfrutar de tus maravillas al final de mis días.

Abre mi corazón, mi entendimiento y todo aquello que se ha bloqueado en mi interior que no ha podido acogerte en toda su plenitud que navega aún por laberintos de miedos y de dolor.

Ayúdame a vivir de manera diferente, a aceptar por completo tu propuesta de salvación y a esforzarme por llegar a ti con la menor mancha posible en mi alma. Sé que no me dejarás solo en este camino

Si me confío a Ti, nada me faltará, por eso ruego a tu Santa Madre para que me guíe en el proceso de saber amarte, seguirte, escucharte y meditar cada una de tus Palabras en mi corazón.

No importa ahora si me siento solo, en Ti encuentro el impulso que necesito para romper mis ataduras, levantarme y alcanzar mis sueños de felicidad.

Acompáñame, oh amado mío, poderoso Rey y amigo incondicional, a hacer de mis días tesoros valiosos que guarde en mi corazón. Amén.

Propósito para hoy

Hoy, voy a pedir por la conversión de todos aquellos que ocupan puestos con responsabilidad en el ámbito político, económico y social.

Frase de reflexión

“Dios nos ama. Descubramos la belleza de amar y de ser amados”. Papa Francisco

Redacción y diálogo: PildorasdeFe.net | Audio: Fraynelson.com

 

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