Evangelio del día: Rezar y pedir la gracia de querer hacer la voluntad de Dios…

San Juan 6,35-40 – III miércoles de Pascua: Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna…

Evangelio según San Juan 6,35-40

La voluntad del Padre: “Jesús les respondió: “Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. Pero ya les he dicho: ustedes me han visto y sin embargo no creen. Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí yo no lo rechazaré, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió. La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna” Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

La obediencia a la voluntad de Dios es la senda de Jesús, que comienza con esto: “Vengo para hacer la voluntad de Dios”.

Y es también el camino de la santidad, del cristiano, porque fue precisamente el camino de nuestra justificación: que Dios, el proyecto de Dios, se realice, que la salvación de Dios se realice. Al contrario de lo que sucedió en el Paraíso terrestre con la no-obediencia de Adán: la desobediencia, que trajo el mal a toda la humanidad.

En efecto, también los pecados son actos de no obedecer a Dios, de no hacer la voluntad de Dios. En cambio, el Señor nos enseña que este es el camino, no existe otro.

Un camino que comienza con Jesús, en el cielo, en la voluntad de obedecer al Padre, y en la tierra comienza con la Virgen, en el momento en que ella dice al ángel: “Que se cumpla en mí lo que tú has dicho”. (cf. Lc 1, 38), es decir, que se cumpla la voluntad de Dios. Y con ese SÍ a Dios, el Señor comenzó su itinerario entre nosotros.

Sin embargo, ni siquiera para Jesús fue fácil. “El diablo, en el desierto, en las tentaciones, le hizo ver otros caminos”, pero no se trataba de la voluntad del Padre y Él lo rechazó.

Lo mismo sucedió cuando a Jesús no lo comprendieron y lo abandonaron; muchos discípulos se marcharon porque no entendían cómo es la voluntad del Padre, mientras que Jesús sigue cumpliendo esta voluntad.

Una fidelidad que vuelve también en las palabras: “Padre, que se cumpla tu voluntad”, pronunciadas antes del juicio, la noche que rezaba en el huerto pidió a Dios que aleje este cáliz, esta cruz. Jesús sufre, sufre mucho. Pero dice: que se cumpla tu voluntad.

[…] Ante todo pedir la gracia, rezar y pedir la gracia de querer hacer la voluntad de Dios. Esto es una gracia.

Sucesivamente hay que preguntarse también:

“¿Pido que el Señor me done el querer hacer su voluntad? ¿O busco componendas, porque tengo miedo de la voluntad de Dios?”.

Además, hay que rezar para conocer la voluntad de Dios para mí y para mi vida, acerca de la decisión que debo tomar ahora, sobre la forma de gestionar las situaciones.

Que el Señor nos dé la gracia a todos para que un día pueda decir de nosotros lo que dijo de ese grupo, de esa multitud que lo seguía, los que estaban sentados a su alrededor:

“He aquí a mi madre y a mis hermanos. Porque quien cumple la voluntad de Dios, ese es para mí hermano, hermana y madre”.

Hacer la voluntad de Dios nos hace formar parte de la familia de Jesús, nos hace madre, padre, hermana, hermano. (Homilía en Santa Marta, 27 de enero de 2015)

Oración de sanación

Señor, qué bueno es sentir tu presencia amorosa que acompaña y fortalece. Quiero servirte cada día convencido de que sólo hago lo que tengo que debo.

Ayúdame a procurar ser ese que sólo sirve y acompaña, dispuesto a entregar el corazón y mis fuerzas en cada una de las situaciones que viviré.

No hay otro camino para ser grande sino aquel en el que se debe seguir tu estilo: vivir en el servicio desinteresado. Ayúdame a cumplir este propósito.

De Ti proviene una fuerza sanadora que curaba a todos y por eso no quiero vivir alejado de Ti. Tú has resucitado mi alma a la esperanza y al optimismo.

Oh mi Dios, Cúbreme con tu preciosa sangre y protégeme de todo mal, pero por sobre todo, protégeme de esa inclinación a la vanidad que habita en mí.

Tú no abandonas a ninguno de tus hijos. Tú levantas mi cuerpo cansado y mi alma abatida de toda circunstancia difícil que me ha hecho caer.

Hoy, renuevo mi deseo de seguirte, amarte y servirte. Dame tu gracia para nacer de nuevo en el Espíritu. Quiero vivir en Ti, ser transformado por Ti.

Quiero hacer que mi vida sea la mejor oportunidad para adorarte. Que tu fuerza sanadora habite en mi corazón para siempre. Amén

Propósito para hoy

Haré un esfuerzo especial en mis conversaciones para no sólo evitar hablar mal de los demás, sino incluso resaltar sus cualidades

Frase de reflexión

“Las guerras destrozan muchas vidas. Pienso especialmente en los niños a los que les han robado su infancia”. Papa Francisco

Diálogos, oraciones y edición: PildorasdeFe.net |

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