5 beneficios que nos traerá el hecho de recordar que algún día moriremos…

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La vida es el mayor don. La muerte es inevitable. No pierdas el más preciado de los dones desperdiciando tu tiempo en cosas sin valor…

¿Por qué recordar el hecho de que algún día moriremos?

En la autopista cerca de mi casa, hay un letrero electrónico bastante sombrío que mantiene actualizados a los viajeros sobre el número de muertos en accidentes de tráfico que van ocurriendo en el año. Sin duda, es alarmante ver cómo la cifra aumenta cada semana. A principios del 2015 era cero. Al final del año registró un total de 556.

El propósito del letrero no es el de arruinarnos el día, es el de exhortarnos a conducir con cuidado, a usar el cinturón de seguridad, a pensar dos veces antes de atreverse a conducir en estado de ebriedad y, más relevante aún últimamente, disuadirnos de enviar mensajes de texto mientras conducimos.

Después de todo, 556 personas pensaron que llegarían a salvo a casa, pero fue así. No tomen ningún riesgo tonto, es lo que nos advierte el letrero mientras pasamos por la autopista.

Recordar tu Mortalidad

El letrero de la autopista, en realidad, no es tan innovador; simplemente se copiaron la idea de un precepto de nuestra espiritualidad católica: Memento Mori, o sea, recordar nuestra mortalidad. Aunque parezca deprimente, pensar en nuestra propia muerte puede ser muy motivador, y esa motivación puede darnos grandes beneficios.

La verdad es que, mientras la mayoría de nosotros preferiría no admitirlo, hay un hecho innegable que debemos enfrentar: tarde o temprano, cada uno de nosotros va a morir. Y sí, incluso tú. No sé cómo, ni cuándo, ni cuál será la causa. Pero tú vas a morir…y yo también.

Memento Mori es un precepto de larga tradición en el Catolicismo, y los santos constantemente nos hablan de la importancia de meditar en el hecho inevitable de la muerte.

Esta exhortación no nace de una especie de obsesión macabra o morbosa, sino que los santos pensaban en su muerte, ya que eso los ayudaba a vivir una vida mejor.

Reflexionar sobre el hecho de que vamos a morir puede darnos estos cinco beneficios:

1.- Buen Uso del Tiempo

El tiempo es un recurso precioso. Un momento de nuestro tiempo, una vez gastado, nunca podrá ser recuperado. Por otra parte, lo que hacemos con nuestro tiempo puede durar para siempre.

El tiempo también es extremadamente limitado, y ninguno de nosotros sabe exactamente con cuánto tiempo contamos. Podríamos vivir otros 20, 30 ó 40 años, o podríamos morir camino al trabajo esta misma mañana. Simplemente, no lo sabemos.

Todo esto nos debe motivar a usar muy bien nuestro tiempo bien y a no desperdiciarlo en actividades frívolas que no aportan ningún beneficio. Eso no quiere decir que no podemos relajarnos, disfrutar o divertirnos; pero alguien con verdadera sabiduría hace estas cosas con moderación y no busca una vida de placer, a expensas de su propia alma.

2.- Un Santo Temor

Los invito a leer Mateo 25: 31-46. Este pasaje del Evangelio debería inspirar un santo temor en tu corazón, ya que todos seremos juzgados por nuestras obras. Tantos proclaman ser católicos o cristianos.

Tal vez tienen un rosario colgado en el espejo retrovisor de su auto. Pero, realmente, cuando observamos bien sus vidas, no vemos mucha ninguna diferencia entre ellos y una persona mundana que no conoce a Dios.

No nos salvaremos sólo por la fe. El Evangelio (Mateo 25,31-46) nos dice muy claro que seremos juzgados no sólo por lo que creemos, sino por lo que hicimos o dejamos de hacer. Qué aterrador sería escuchar del Señor las palabras:

“Apártense de mí, malditos de mi Padre; vayan al fuego eterno…”.

¿Estás viviendo de forma tal que puedes estar seguro que Cristo te dirá: “Bien hecho, siervo bueno y fiel”? Tu vida testimonia lo que hay en tu corazón. Vive bien para que puedas morir bien.

3.- Vivir sin Remordimientos

¿Cómo vivirías el día de hoy si supieras que es tu último día en la tierra? ¿Vivirías diferente si supiera que vas a morir mañana? Apuesto que lo harías.

Pero, la verdad es que hoy podría ser tu último día de vida. Que realmente podrías morir mañana. Tú simplemente no lo sabes. Así que, te sugiero examinar tu vida con miras a la eternidad. ¿Estás viviendo con un propósito o vives a la deriva, sin rumbo? ¿Estás incumpliendo algo que sabes que nuestro Señor te ha llamado a hacer?

Para el mundo, vivir sin remordimientos usualmente significa buscar tus propios intereses sobre aquellos de los demás; buscar el máximo del placer en el tiempo que tenemos. Sin embargo, esta es una filosofía vacía y vana.

Vivir sin remordimientos es dar nuestras vidas a Jesús y a los demás. Esta es la única clase de vida que importa. Porque en la eternidad, sólo podemos recibir lo que hemos dado en este vida.

4.- Un Legado de Amor o de Dolor

Cada uno de nosotros deja detrás de sí un legado interpersonal. A veces ese legado es uno de dolor y de relaciones rotas; de amargura, resentimiento y rencor. Sin embargo, en muchos casos, ese legado es de amor, ternura y alegría.

Todos los que dejes atrás recordarán cómo los trataste. ¿Amas a tu esposa? Le dedicas suficiente tiempo y atención a tus hijos? Tratas bien a tus padres, hermanos y amigos? ¿Cómo te irán a recordar todos ellos?

La reconciliación es otro tema esencial que debes considerar: ¿Hay relaciones rotas en tu vida que debieras arreglar antes de morir? No tardes en hacerlo. Perdona y pide perdón. Tus resentimientos no te valdrán de nada en la tumba.

En nuestro lecho de muerte, podríamos estar rodeados por los que nos aman, o podríamos morir solos, por haberlos alejado a todos. Podríamos ser recordados con lágrimas de dolor o con un suspiro de alivio. ¿Cómo quieres tú ser recordado?

5.- La Santidad

La vida es corta. La eternidad es larguísima. Y al final, hay una sola cosa por la que realmente vale la pena vivir: la santidad. Muchos tienen la impresión de que la santidad es aburrida y que, por eso, no vale la pena buscarla. Pero no es cierto que la santidad sea aburrida.

Un santo es la persona que ha alcanzado la perfección de la naturaleza humana, transfigurada y llena hasta rebosar con la vida divina de Dios. ¿Cómo es posible que esto sea aburrido?

La cultura actual está obsesionada con superpoderes y superhéroes. En el pasado, en cambio, la sociedad estaba fascinada con los santos.

Existe una correlación entre ambas posturas, en el sentido que, en el fondo, entonces y ahora, la gente sabe que el ser humano es mucho más de lo que parece a simple vista.

Somos capaces de hacer cosas extraordinarias por la gracia de Dios, y la llamada a la santidad nos llama a una vida sobrenatural. No, tal vez no vamos a hacer milagros o a levitar, pero podemos conocer a Dios y participar de su naturaleza divina, hasta donde sea posible a una criatura humana. Y eso en sí ya es un milagro!!!

Sólo hay una cosa por la que vale la pena vivir: la santidad. No pierdas tu vida. Anímate. Sé un santo.

Vive como si fueses a morir ya

La vida es el mayor don. La muerte es inevitable. No pierdas el más preciado de los dones desperdiciando tu tiempo. No malgastes tus días persiguiendo aparatos electrónicos, placeres, ascensos, o cualquier otra cosa intrascendente. Y cuando te sientas tentado por estas cosas, vuelve a recordar el hecho inevitable de tu muerte.

Vive para la eternidad. Ama a Jesús y a los demás, perdona y busca ser perdonado, dona con sacrificio, sé humilde, persigue la vida sobrenatural de la santidad. Cualquier cosa menos de eso es una pérdida de tiempo.

En resumen, debemos vivir como si fuésemos unos moribundos, porque, en verdad, es lo que somos

 

Adaptación y traducción al español por Luzmila del Busto, para: PildorasdeFe.net, del artículo publicado originalmente en: Catholic Gentleman, autor: Sam Guzman