Cómo lograr un corazón purificado y renovado en el amor…

corazon-renovado-purificado-en-el-amor

De un corazón bueno brotará bondad y acciones buenas. De un corazón malo brotará maldad y acciones malas…

Señor mío, gracias por todo lo bueno que haces en mi vida. Gracias porque siempre intervienes en mis momentos de máxima desesperación. Me ayudas y me consuelas. Me impulsas a seguir adelante. En Ti me siento triunfador. Ven a mi corazón y no te apartes de él. Quiero vivir con fidelidad tu amor y tu perdón que a todos rescatas. Eres un Dios bueno y misericordioso. Camino confiado sabiendo que soy amado por Ti. Amén.

Honrar al Señor con todo el corazón

Busca primero a Dios cada día, pon en sus manos tu vida y todos tus proyectos ¡confía! ÉL es tu Dios, ÉL cuida mejor que nadie todas tus cosas. No te impacientes ni dejes que las preocupaciones te asfixien y te roben la paz. Detén la ansiedad y mejor da gracias a Dios, pues todo va a salir bien. El Señor conoce tu corazón, quiere purificarlo y renovarlo. Camina en la Fe y deja a Dios obrar en tu vida.

La gran tarea que tenemos es la de procurarnos un corazón bueno. La razón es sencilla: todas nuestras acciones, nuestras reacciones y nuestros sentimientos brotan de nuestro corazón. No son los alimentos que nos vienen de fuera los que nos hacen puros o impuros, buenos o malos, como era doctrina común en tiempos de Jesús.

Lo que hace bueno o malo a un hombre es su corazón, su interior. De un corazón bueno brotará bondad y acciones buenas. De un corazón malo brotará maldad y acciones malas. Por lo tanto, una de nuestras súplicas a Jesús es que nos cambie nuestro corazón de piedra por uno de carne. Que nos cambie nuestro corazón por un corazón como el suyo: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Romanos 5, 5)

Oración

Señor, en este momento te pido que vengas a mí y sanes mi espíritu de todo mal, ven y purifica mi corazón, limpia el motor y la fuente de mi vida, y podré pensar, hablar y obrar con un corazón semejante al tuyo. Es inútil que quiera curarme una herida externa, cuando lo que me hace falta es una transfusión de sangre: cambiar la que tengo por la tuya. Inyectarme de una buena dosis de tu esperanza y sentir que siempre me acompañas y me consuelas. ¡Dame un nuevo corazón, Señor! Amén


Qriswell J. Quero | 
PildorasdeFe.net 
Con aportes del Padre Pedro Guerra y 
Dominicos.org