Cómo orar. Seis consejos que harán que te enamores de la oración…

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La vida cristiana, incluyendo la oración, es algo en lo que tenemos que trabajar para volvernos mejores cada día…

¿Quieres rezar pero no estás seguro de cómo comenzar? Primero déjame contarte una historia sobre un monje que casi ahogó a un seminarista…

¿Qué tan importante es rezar?

Había una vez un joven seminarista que comenzó su viaje hacia el sacerdocio. Él era un sabelotodo, y quería ser el mejor en todo lo que hacía. Escuchó hablar sobre un monje muy santo que era considerado un maestro espiritual, en lo referente a la oración y a la contemplación.

El seminarista lo buscó, y le pidió al viejo monje que le enseñara todos sus secretos para la oración, el monje le dijo que se fuera. El seminarista era testarudo y regresó pronto, pidiendo nuevamente sus secretos para la oración. El monje le dijo que regresara una semana después.

Cuando volvió a la semana siguiente, el monje lo llevó afuera, a la parte trasera del monasterio hacia un lago. Él no había dicho ni una palabra, entraron en el lago hasta donde el agua les llegaba un poco más arriba de la cintura, el seminarista se impacientaba con el monje, quien aún no había pronunciado una palabra.

Repentinamente el monje agarró al seminarista y hundió su cabeza en el agua, el seminarista luchó y golpeó, pero la fuerza del monje era como la de un buey viejo, lo mantenía hundido en el agua. Cuando el monje finalmente lo dejó ir, salió sin aliento, avergonzado, muy molesto y confuso. El monje lo miró y dijo: “Hasta que no rece con la misma desesperación con la que buscaba aire, usted no ha rezado.”

¡Las oraciones son tan importantes para nuestra alma como el aire lo es para nuestro cuerpo! Necesitamos rezar para estar conectados con Dios, quien nos creó con un plan en mente. Veamos algunas cosas que nos pueden ayudar a ahondar en la oración de nuestro día a día.

Como rezar

1.- Comienza diciendo: ¡hola!

Cuando un amigo llega a un lugar, la primera cosa que hace la mayoría de la gente es saludarlo. En muchas formas, ese es el comienzo de una oración: el reconocimiento de la presencia de Dios. Cuando entramos en una Iglesia nos arrodillamos ante el tabernáculo, para rendirnos mientras reconocemos y reverenciamos la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Al comenzar a orar, si tratas simplemente de caminar por algún lugar durante el día, en una capilla o en una habitación, tomate un momento para reconocer en presencia de quien estás.

“Ríndanse y reconozcan que yo soy Dios: yo estoy por encima de las naciones, por encima de toda la tierra.” (Salmo 46,11)

2.- Se tú mismo:

Mucha gente piensa que la santidad es inalcanzable, y que para rezar tenemos que parecer una estatua de San Francisco, con nuestras manos plegadas piadosamente. La realidad es que fuimos creados para estar en comunicación con Dios, y Él desea estar en una relación con nosotros, Él no quiere que seas una copia exacta de un santo, Él te creó con tus propios talentos y pasiones, y quiere que brilles a través de ellos de manera única, muéstrate tal cual eres y permite que Dios te transforme en el santo que quieres ser.

3.- Maestro, enséñanos a orar (Lucas 11,1)

Los apóstoles de Jesús le dijeron esas palabras, y la conversación que resultó es la oración que llamamos “Padre Nuestro”. Si sus propios apóstoles le pidieron a Jesús que los enseñara a orar, nosotros debemos pedirle mucho más todavía. Pídele a Dios que te ayude y Él sabrá escucharte.

“Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá.” (Mateo 7,7)

4.- Rompe los frenos

El mundo en el que vivimos hoy nos bombardea con publicidades y ruidos en todas las direcciones, desde textos, hasta música, televisión o internet. Estás cosas no son malas, pero demasiado tiempo con ellas pueden ser una distracción de nuestra relación y conversación con Dios.

“El silencio es tan carente en este mundo que a menudo demasiado ruidoso, que no es favorable al recogimiento y la escucha de la voz de Dios” (Papa Benedicto XVI).

Tomate diez minutos cada día, del tiempo que pasas en facebook o viendo televisión, y utiliza ese tiempo para orar. Coloca a Dios nuevamente en el centro de tu corazón y tu mente.

5.- Mantén viva la oración

Una vida de oración que no se mantiene es como un lago sin corriente de agua, se estanca. No hay oxigeno entrando, y se vuelve inhabitable, todo lo que encuentras es un cúmulo de mosquitos. A nadie le gustan los mosquitos; así que no seas esa persona. Sin embargo alguien que cultiva su relación con Dios en la oración, encuentra un escenario muy diferente. Hay agua fresca brotando en el lago, proporciona vida, hay árboles y flores que crecen por todos lados. Tus oraciones afectarán todos los aspectos de tu vida.

“¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, sino que se complace de la ley del Señor y la medita de día y de noche! Él es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y que cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien.” (Salmo 1,1-3)

6.- Permite que te transforme

La práctica hace al maestro. La vida cristiana, incluyendo la oración, es algo en lo que tenemos que trabajar para volvernos mejores. Dios puede hacer cosas maravillosas en nosotros para llegar a Él a través de la oración.

“Las virtudes se forman en la oración. Orar preserva el temperamento. Orar reprime la ira. Orar evita emociones como el orgullo y la envidia. Orar trae al alma la Espíritu Santo, y lleva a los hombres al cielo” (San Efraín de Siria)

¡Solo inténtalo!

Como católicos tenemos acceso a las formas más elevadas de las oración cada domingo (y cada día si podemos) en la Misa, terminando con recibir al mismo Jesús en la Eucaristía. Ese es el alimento para el alma, una oportunidad para entrar en un estado más profundo cada vez y escuchar a Dios hablándote en tu interior.

También podrías comenzar rezando el rosario, nuestra madre María es asombrosa, y es el ejemplo perfecto de cómo amar a su hijo.

La oración de San Miguel de Arcángel es también una gran oración. Satanás siempre está intentando separarnos de Dios, San Miguel se lanzó con látigos sobre Satanás. Sí, en definitiva quieres a este poderoso ser en nuestro equipo.

Reza por tu familia, por tu sacerdote, por tu iglesia, por tu futura esposa o esposo, y dale gracias a Dios por todas las personas que ha traído a tu vida que te han ayudado a moldearte en la persona que eres.

Reza para que, en tu viaje hacia la oración, te enamores del Dios que estará contigo a través de los malos tiempos y en las incontables aventuras que tendrás durante el resto de tu vida. ¡Que todos los santos y los ángeles rueguen por nosotros!…


Traducción al español y adaptación de PildorasdeFe.net del artículo publicado originalmente en Life Teen. Autor: Aaron Hostetter