Cómo recibir la Indulgencia plenaria en la Fiesta de la Divina Misericordia…

divina-misericordia-indulgencias-plenaria-gracias-fiesta

Las indulgencias y Gracias recibidas por la Fiesta de la Divina Misericordia nos llena de gracia para que podamos ser misericordiosos…

La Divina Misericordia es una devoción de nuestra era moderna que honra la misericordia infinita de Dios hacia nosotros. Esta devoción fue propagada por Santa Faustina Kowalska en Polonia, quien recibió revelaciones místicas de Nuestro Señor, y posteriormente, se esparció por toda la Iglesia Universal a través de nuestro querido San Juan Pablo II.

Esta devoción tiene muchos elementos con los cuales podemos realizarla de diferentes maneras:

  • Una pintura de inspiración divina de Jesús con promesas adjuntas para su veneración,

  • Oraciones, encontradas en el capítulo de la Divina Misericordia y la Novena de la Divina Misericordia,

  • Un libro (El Diario de Faustina Kowalska),

  • Una Hora Santa (3:00),

  • Y un día de fiesta solemne con indulgencias plenarias (Divina Misericordia Domingo).

¿Cuál es la diferencia entre las gracias especiales prometidas por Jesús a los devotos de la Misericordia y la indulgencia plenaria que se concede el domingo de la misericordia ?

La principal diferencia, es que una indulgencia es algo ofrecido a los fieles por la Iglesia, como guardiana de las llaves del reino, con autoridad para “atar y desatar” (Cfr Mt 16,17-19)

Las gracias especiales del Domingo de la Misericordia, por otra parte, fueron prometidas directamente por nuestro Señor, a través de una revelación profética dada a Santa Faustina (véase Diario de Santa Faustina, 699)

En pocas palabras, aquí están las otras diferencias principales entre las “gracias especiales” prometidas por Jesús para el Domingo de la Divina Misericordia y la indulgencia plenaria ofrecida por la Iglesia para las devociones especiales en el Domingo de la Misericordia:

1.- Las Condiciones

Las gracias especiales que nuestro Señor prometió para el Domingo de Misericordia vienen solamente por la recepción de la Sagrada Comunión ese día, en un estado de gracia, con confianza en la Divina Misericordia.

Cualquier indulgencia plenaria concedida por la Iglesia, por otra parte, implica el cumplimiento de una serie de condiciones, incluyendo la oración por las intenciones del Papa, la confesión y la Sagrada Eucaristía, y la realización del trabajo especial indulgenciado (en este caso: participar en Devociones públicas a la Divina Misericordia en el propio Domingo de la Misericordia)

2.- El estado de gracia y las intenciones

Las gracias especiales prometidas por nuestro Señor para el Domingo de la Misericordia pueden ser recibidas por un alma en estado de gracia, pero con un amor imperfecto por Dios y una contrición imperfecta por el pecado, mientras el alma confíe solamente en la Misericordia de Dios, Y se aferra a Él por sus beneficios prometidos.

Una indulgencia plenaria, sin embargo, sólo puede obtenerse mediante la realización de una obra indulgenciada como expresión del puro amor a Dios.

Si las intenciones no son puras – digamos, el trabajo se hace en parte por temor al infierno o purgatorio, o el deseo de impresionar a sus amigos y parientes, en lugar de hacerlas puramente por amor a Dios – entonces la indulgencia obtenida será solo parcial, no plenaria.

3.- Recibimiento y ofrecimiento

Las gracias especiales que nuestro Señor prometió para el Domingo de la Misericordia sólo pueden ser recibidas por nosotros mismos, a través de la devota recepción de la Santa Comunión el Domingo de la Misericordia (como se dice en el número 1.)

Una indulgencia plenaria, sin embargo, puede ofrecerse para uno mismo, o para las almas que sufren en el purgatorio.

4.- El perdón total

La gracia más especial prometida por nuestro Señor para el Domingo de la Misericordia es nada menos que el equivalente a una completa renovación de la gracia bautismal en el alma: “perdón completo (remisión) de nuestros pecados y castigos”.

Tal medida de gracia sólo puede ser recibida de otra manera por el bautismo mismo, o por hacer una confesión sacramental como un acto de perfecta contrición por el pecado, por puro amor a Dios.

Indulgencias por la Fiesta de la Misericordia

Después de que una persona se arrepiente y su culpa ha sido perdonada, una indulgencia puede limpiar el castigo temporal ocasionado por el pecado. Una indulgencia plenaria significa que el castigo temporal está totalmente limpio. Una indulgencia parcial significa que parte del castigo temporal es purificado.

Tanto una indulgencia plenaria como una indulgencia parcial están disponibles para las personas que participan en la Fiesta de la Divina Misericordia.

La Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede concedió las indulgencias el 29 de junio de 2002.

Para obtener una indulgencia plenaria los fieles deben completar lo siguiente:

  • Confesión Sacramental dentro de 8 días antes o después del Domingo de la Divina Misericordia. Solamente necesitaríamos confesarnos otra vez, si este sacramento se recibió al inicio de la cuaresma o si estamos en pecado mortal en el día de la fiesta.

  • Comunión Eucarística durante la celebración del Domingo de la Divina Misericordia (o en la Misa de la Vigilia)

  • Participar en las oraciones y devociones en la iglesia o en una capilla celebrando la Divina Misericordia o recitar el Padre Nuestro, el Credo de los Apóstoles y una oración como “Jesús, confío en Ti”.

Si usted no puede completar los requisitos para una indulgencia plenaria (debido a enfermedad u otro motivo serio) puede obtener una indulgencia parcial orando con un corazón contrito al corazón misericordioso de Jesús una oración como:

“Jesús, en Ti confío”

Dios es la misericordia misma, y estamos llamados a practicar el ABC de la misericordia: pedir su misericordia, ser misericordioso con los demás, confiar completamente en Jesús.

De tal forma forma debemos amar a Dios que nuestra plena confianza en Jesús debe ser el ingrediente vital.

En el día de la Fiesta de la Misericordia sólo pedimos misericordia para nosotros, ni simplemente tratamos de ser buenos con otras personas. Le pedimos con total confianza, y Nuestro Señor nos llena de gracia para que podamos ser misericordiosos como nuestro Padre Celestial es misericordioso.

“Yo soy el Amor y la Misericordia. Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la lleno de tal abundancia de gracias que no puede contenerlas dentro de sí, sino que las irradia a otras almas”. (1074)

Redacción: Qriswell J. Quero | PildorasdeFe.net, con aportes de The Divine Mercy