Hoy celebramos a San Daniel. Profeta del Antiguo Testamento…

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San Daniel, fue un joven profeta muy fiel a Dios a quien le fue revelado muchas profecías. Poseía el don de sabiduría y entendimiento…

San Daniel es el gran profeta y héroe del Libro bíblico llamado con su mismo nombre: “Daniel”. Fue un noble joven judío de Jerusalén al que el Rey Nabucodonosor de Babilonia lo hizo prisionero y sirviente y a quien sirvió con lealtad y grandiosa habilidad aceptando este servicio como la voluntad de Dios.

Fiesta: 20 de marzo

En el Libro de Daniel, podemos encontrar la historia de este gran profeta, un joven judío que fue llevado cautivo para ser un sirviente del Rey. A través de muchas angustias, Daniel enfatiza que Dios reivindicará a su pueblo. Sus muchas historias nos enseñan que los hombres de fe pueden afrontar cualquier reto y cualquier adversidad con Dios de su lado.

Biografía de San Daniel

San Daniel, fue un joven judío muy devoto de su religión. El relato bíblico sobre el Daniel el profeta comienza cuando él y otros jóvenes de Judá fueron tomados en cautiverio por el rey Nabucodonosor de Babilonia (Daniel 1,1-4) aproximadamente en el año 604 A.C. Esta cautividad duró unos 70 años, como Dios había predicho por medio del profeta Jeremías (Jeremías 25,11)

Durante este tiempo, Daniel ocupó cargos prominentes en los gobiernos de varios gobernantes babilonios y medo-persas, como Nabucodonosor, Belsasar, Darío y Ciro.

Daniel: Un hombre de Dios

El libro de Daniel lo muestra como un hombre de Dios fiel. Este joven se abstenía de ingerir bebidas alcohólicas y de consumir alimentos prohibidos por la Ley de Moisés.

En aquel tiempo, cuando el rey Nabucodonosor amenazó con destruir a todos los sabios si uno de ellos no le contaba su sueño ni lo interpretaba, San Daniel le pidió al Rey un tiempo para que él y sus tres amigos suplicaran a Dios en oración que revelara esta información (Daniel 2,18).

Cuando Dios contestó su oración, Daniel recordó alabar y agradecer a Dios por haberles dado lo que habían pedido (20-23).

Más tarde, Daniel nuevamente demostró su fe y su fidelidad a Dios, orando a pesar de una injusta prohibición que había firmado el Rey, sabiendo que si lo hacía pondría en peligro su vida.

“Cuando Daniel supo que el documento había sido firmado, entró en su casa. Esta tenía en el piso superior unas ventanas que se abrían en dirección a Jerusalén, y tres veces por día, él se ponía de rodillas, invocando y alabando a su Dios, como lo había hecho antes.” (Daniel 6,11)

Tanto fue la fidelidad que Daniel le tenía a Dios que esto lo llevó a que lo echaran a la cueva de los leones, en donde sus acusadores estaban seguros de que sería devorado por ellos. Pero Dios envió un ángel que “cerró las bocas de los leones” (Daniel 6,22), y Daniel fue salvado milagrosamente.

En otra ocasión, Daniel es mostrado orando y ayunando por los pecados de su pueblo y pidiendo la misericordia de Dios para sí mismo, sus compañeros cautivos y los habitantes de Jerusalén (Daniel 9).

Conocimiento y comprensión de Dios

Dios vio muchos frutos de Daniel y sus tres amigos y les dio conocimiento y habilidad en toda la literatura y la sabiduría. Para Daniel, Dios también dio entendimiento en todas las visiones y sueños (Daniel 1,17).

Como resultado de las bendiciones de Dios sobre Daniel y sus tres amigos, el rey “los encontró diez veces mejor que todos los magos y astrólogos que estaban en todo su reino” (Daniel 20)

Cuando el rey Nabucodonosor tuvo un sueño que lo turbó en el segundo año de su reinado, Dios le reveló el significado del sueño a Daniel en una visión nocturna (Daniel 2,19).

“Entonces, el rey confirió a Daniel un alto rango y le otorgó numerosos y magníficos regalos. Le dio autoridad sobre toda la provincia de Babilonia y lo hizo jefe de todos los sabios de Babilonia”. (Daniel 2,48)

En algunas ocasiones, Dios enviaba un ángel para que le diera mensajes proféticos a Daniel, quien luego los copiaba.

“Mientras yo, Daniel, miraba la visión y trataba de comprender, vi que estaba de pie frente a mí alguien con aspecto de hombre. Y oí una voz de hombre en medio del río Ulai, que gritaba, diciendo: “Gabriel, explícale la aparición a este hombre”. Él llegó hasta donde yo estaba, y cuando llegó, sentí un gran temor y caí sobre mi rostro. Él me dijo: “Entiende, hijo de hombre, que la visión se refiere al tiempo del Fin”. (Daniel 8,15-17)

Muchos relatos adicionales acerca de un ángel que viene al encuentro con Daniel se encuentran registrados en Daniel 9,20-23 y Daniel 10,5-14

Aunque Daniel profetizó durante la primera parte del siglo VI A.C., sus profecías fueron selladas hasta el tiempo del fin.

Similar a las instrucciones que había recibido para “sellar” una visión que le habían dado antes (Daniel 8,26), más adelante se le ordena nuevamente a Daniel:

“En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del Fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento”. (Daniel 12,4)

Las profecías de San Daniel el Profeta son consideradas mesiánicas, lo que significa que el Mesías encontrará un Reino que no tendrá fin.  El Reino extendido por todo el mundo es la Iglesia, así igualmente el Reino de Dios permanece dentro de todos y cada uno de los que creen en Dios y lo adoran como el Creador del cielo y de la tierra.

San Daniel el Profeta, representa un modelo para mantener viva la fe y la esperanza en medio de la crisis y el exilio.

Aquellos que están lejos de su país natal, pueden encontrar una fuente de inspiración y vida en San Daniel y los tres jóvenes que mantuvieron su la fe incluso cuando fueron arrojados al fuego en el horno ardiente y Dios los salvó, o cuando Daniel que fue arrojado a una cueva de leones pero no lo atacaron.

Con esto aprendemos que la fe, cuando es vivida con el corazón, se preserva como el más grande manantial al que ninguna situación difícil podrá exterminar.

Es por esto que podemos considerar a San Daniel el Profeta como un protector de aquellos que están lejos de su país y se esfuerzan por mantener su fe y su identidad espiritual aún en medio de la adversidad.

San Daniel, ruega por nosotros.

 

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