Hoy, mi hermano Nazareno muere en una cruz, y vio morir antes a sus hijos…

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Hoy mi hermano ha tenido que dejar su casa, vislumbra la ن en el dintel de su puerta. No sé su nombre, nunca lo traté, me recuerda la vida…

Hoy mi hermano no ha dormido, el fragor de los combates en la periferia de la ciudad asusta a los niños… una nueva guerra, como la de su juventud, como la que se llevó a su padre ¿Cómo explicarles, cómo consolarlos?

Hoy mi hermano ha tenido que dejar su casa, vislumbra la ن en el dintel de su puerta. Dice que llevará a los niños a los campos deportivos de la Universidad de Mosul, no afectada por los combates de los días pasados. Pero en realidad irá a encontrarse con su esposa en Erbil, son 80 kilómetros pero dicen que los americanos han comenzado a enviar provisiones y los kurdos patrullan el camino.

Hoy mi hermano muere en una cruz, vio morir antes a sus hijos. No había otra opción, no podía pagarle el impuesto al califa, huyó, era nazareno. Esteban, Pedro, Bonifacio, Andrés Kim… o niños como Tarcisio o José Sánchez y ahora ustedes mis queridos hijos, ahora nosotros mis hermanos…

Es mi hermano, no sé su nombre, nunca lo traté. Murió en una cruz y muriendo me recuerda la vida. Esto de seguir a Jesús va en serio me dice, me grita. No creemos en una ideología, seguimos a una Persona ¿Eres también Nazareno? Te perseguirán… y serás bienaventurado. Mi perseguidor se llama Estado Islámico. ¿El tuyo? ¿Una idea? ¿Tu “estado” interior que quiere pecar? Eres parte de una nueva guerra.

Si eres Nazareno tu signo es la cruz. Yo morí literalmente en una, ¿Descubres la tuya? ¿La abrazas, crees que es tu salvación y la de muchos? Si quieres seguirlo, niégate a ti mismo, carga tu cruz y síguelo. El que busca su vida la perderá, el que la pierde por Él la encontrará: ¿Dejarás la casa de tus falsas seguridades, morirás a ti mismo para encontrar la Vida?

Me parece muy providencial que estos días el Papa Francisco visite Corea, tierra de mártires, cuya semilla hoy florece en una Iglesia muy viva y dinámica. Acojamos hoy la semilla sembrada en nuestro corazón por nuestros hermanos en Iraq y el Medio Oriente que mueren a causa de su fe, y recemos por aquellos que aún sufren los estragos de esta nueva y absurda guerra que asola esa región.

Hoy mi hermano Nazareno esta muriendo en las calles de Venezuela, en el dolor de un país que sufre ante tanta indiferencia y egoísmo por buscar su propio bienestar, por tantas familias sin medicinas y alimentos que no consigues en los puntos de ventas; en un pueblo que dejó de ser hermanos para darle paso a un color político y hacer que toda la población se dividiera a causa de una ideología política. Hoy mi hermano Nazareno esta ahí, llevando una cruz que nadie quiere tomarla para ayudarlo como Simón de Cirene sino que somos solo Espectadores de Plaza de Toros, es decir, ver como matan y sacrifican al toro y que ninguno de los espectadores sale corriendo para defender al inocente animal que sin saber lo que esta pasando es provocado para generarle furia y rencor y arremeta contra el torero que ya tiene su estrategia para matarlo. Esta figura de Espectadores de Plaza de Toro es lo mismo que le pasa a mi hermano el Nazareno que esta en la calle perdiendo lo ultimo que se le puede perder a una persona que es la esperanza.

Y te hago esta pregunta amigo lector: ¿Cuantos somos Espectadores de Plaza de Toros? y ¿cuantos somos los Nazarenos de la calle?

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© 2014 – José Gabriel Aguilar Pinto | Centro de estudios Católicos