Hoy se conmemora a San Simeón, Obispo y Mártir…

San Simeón

REDACCIÓN CENTRAL, 18 Feb. 18 / 12:05 am (ACI).- En el siglo primero San Simeón sirvió como el segundo obispo de Jerusalén. Además fue pariente de Cristo, según lo describen el Evangelio de San Mateo (13, 55) y San Marcos (6, 3).

En el libro Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea (Padre de la historia de la Iglesia), este santo es descrito como primo del Señor -según la carne- al ser hijo de Cleofás, el hermano de San José.

Asimismo la madre de Simeón es mencionada por el escritor Hegesipo como concuñada de la Virgen María. En el Evangelio de San Juan y de San Mateo se menciona a una “hermana” de la Madre de Dios, que vendría a ser María esposa de Cleofás (padre de Simeón).

Después del martirio a mano de los judíos del primer obispo de Jerusalén, Santiago el Justo, y la inmediata toma de la ciudad, la tradición cuenta que los apóstoles y discípulos del Señor, que aún permanecían con vida, se reunieron y deliberaron que Simeón sería nombrado su sucesor.

Como describe Eusebio de Cesarea, en tiempos del emperador Trajano resurgió en las ciudades y otros lugares de Palestina una nueva persecución contra los cristianos por causa de las revueltas del pueblo.

Fue entonces que el Obispo de Jerusalén, Simeón, fue denunciado como cristiano y descendiente de David, siendo sentenciado a muerte por el gobernador romano Ático. Fue torturado y crucificado a la edad de 120 años.

Meditación sobre las cruces de San Simeón

Las tres cruces:

I. Nos atraemos cruces y aflicciones por nuestra imprudencia o por nuestros pecados; debemos soportar con paciencia esas aflicciones, puesto que nosotros somos su causa. Entra en ti mismo cuando estés afligido: pregúntale a tu alma por qué está triste, y a menudo encontrarás que tus cruces no son sino castigo de tu orgullo y de tu avaricia, o de algún otro pecado. Acúsate entonces a ti mismo por tus sufrimientos; cesa de ser pecador, y cesarás de ser desgraciado. En todas tus penas pregúntale a tu alma; interrógala: ¿No te sucede esto sino porque has abandonado al Señor tu Dios? (San Jerónimo).

II. A veces soportamos cruces que no hemos merecido; nos asemejamos entonces al santo varón Job. Si tus enemigos te calumnian, si tus amigos te, traicionan, si la pobreza, la enfermedad o la deshonra te hacen gemir y pasar la vida en la tristeza, agradece a Dios de que te haya hecho partícipe de sus sufrimientos y de su cruz. ¿De qué te quejas, si te trata como trató a sus mejores amigos, como su Padre Eterno lo trató a El mismo? Sufre con Jesús y como Jesús.

III. Los santos no esperan los sufrimientos; los piden y los buscan, corren a ellos como el avaro a su tesoro; ¡Y tú, por lo contrario, los huyes! No te engañes, nunca entrarás en el cielo sin la cruz; porque la cruz de Jesucristo es la puerta del paraíso. (San Juan Crisóstomo).

El amor a la cruz

Orad por los afligidos.

Oración:

Dios todopoderoso, mirad nuestra debilidad, ved cuán agobiados estamos bajo el peso de nuestros pecados, y fortificadnos por la intercesión de San Simeón, vuestro pontífice mártir. Amén.

Oración a San Simeón

Luz de mi alma en las tinieblas,
tú eres mi esperanza, mi apoyo, mi consuelo,
mi refugio y mi dicha.

Tú que hiciste nacer la verdadera luz de la inmortalidad;
ilumina los ojos de mi corazón.

¡Tú que trajiste al mundo la fuente de la inmortalidad,
dame la vida, pues el pecado me lleva a la muerte!

Madre de Dios misericordioso, ten piedad de mí
e indúceme al arrepentimiento de corazón,
a la humildad de pensamiento,
a la reflexión en el razonamiento.

Hazme digno hasta mi último suspiro
de ser santificado por esos misterios
para que sanen mi cuerpo y mi alma.

Acuérdame las lágrimas de penitencia,
para que te cante y glorifique todos los días de mi vida,
tú bendita por los siglos de los siglos.

Rezar un Ave María, un Padre Nuestro y un Gloria.

Oración al milagroso San Simeón

Milagroso San Simeón, padre mío, amado y misericordioso.
Hoy me dirijo a ti para agradecerte por todas las cosas buenas con que me haz bendecido;
por mi familia, mis amigos, mi salud y mis bienes materiales, que gracias a ti y al Padre Celestial puedo disfrutar.

También quiero agradecerte por la ayuda que me das para enfrentar las
dificultades que se me presentan y por el consuelo que en ti encuentro para soportar los acontecimientos inevitables,
porque aunque me encuentre en caminos lejanos en los que la vida peligra a cada segundo, a pesar de
las penurias, hambre y sed, pero con la esperanza de una vida mejor
para los míos; al tener fe en ti, siento la fortaleza y la confianza para
seguir adelante y vivir cada día plenamente… San Simeón;
te pido que seas tú el abogado intercesor ante Dios Todopoderoso,
para que se me conceda lograr todas las cosas buenas que me
proponga. Y así poder dejar un mundo mejor al que encontré.

Amén.