¿Por qué en «la Salve» dice que estamos en un Valle de Lágrimas?…

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¿No dijo acaso Jesús que el que quisiera ir tras Él tomara su Cruz y lo siguiera? ¿Y San Pablo que no conocía sino a Cristo crucificado?…

Hace unos meses atrás me llegó una consulta sobre una crítica que alguno por ahí había hecho a una oración que lleva casi un centenar de años rezándose aquí en Chile, para el mes de María.

Parte de esa crítica era sobre una supuesta visión pre-conciliar y negativa del mundo como un lugar al que venimos a sufrir y no a ser felices, y completaba la tesis mostrando su desacuerdo con las palabras de la Salve que habla de “…gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”. Mientras respondía me vino la idea de escribir algo sobre este tema puntual, y es lo que trato de hacer ahora…

¿Estamos o no estamos en un valle de lágrimas?

A priori, casi sin pensar la respuesta digo ¡por supuesto que sí! ¿Por qué? Sencillamente porque si la Iglesia rezó durante miles de años una oración a María Santísima donde se afirma esto, si yo lo niego, tendría que afirmar lo siguiente:

  • …O que el mundo cambió, sustancialmente, en estos últimos años: antes era un valle de lágrimas y ahora es un paraíso terrenal. Perdón pero no veo por donde… si alguno me dice que la ciencia y la tecnología avanzó tanto que ahora ya no se sufre… ¿hace falta responder esto?…
  • …O que la Iglesia se equivocó durante miles de años… imposible desde el punto de vista teológico según aquello de “lex orandi, lex credendi” (lo que se reza es lo que se cree), por tanto si se reza con error, se tiene error también en la fe (y no puede tenerlo la Iglesia en cuanto tal). Y si bien no estamos hablando de oración litúrgica (a la cual se aplica directamente este principio), análogamente estamos hablando de lo mismo.

Quien esté en contra de ese “valle de lágrimas” -al menos quien escribió lo que leí- muy probablemente piense que la Iglesia cambió de cabo a rabo luego del Concilio Vaticano II; cosa que no se deduce de los textos, ni lo enseñó ningún Sumo Pontífice, e incluso han enseñado lo contrario: por ej. Benedicto XVI habló en contra de la “hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura.

Si algún teólogo por ahí, Rahner a la cabeza, defiende esto… entre un teólogo, dos teólogos, o mil teólogos de un lado y el Papa del otro, obviamente que nos quedamos con el Vicario de Cristo, ya que él sólo tiene la promesa de infalibilidad de parte del Señor según aquello dicho a Pedro yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos (Lc 22,32)

Argumentación

Estamos en un valle de lágrimas en primer lugar porque no estamos en la patria, en el Cielo…

También podemos hablar de un valle de lágrimas Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos que tenemos las primicias del Espíritu (Rom 8, 22-23). Y esto debido al pecado original…

“Pero éste es otro de los puntos que el pensamiento pos-iluminista rechaza absolutamente. No acepta la realidad del pecado y, en particular, no acepta el pecado original” (Juan Pablo Magno).

Hablando de las consecuencias del pecado original, decía san Alberto Hurtado:

“Mirarlo con una mirada llena de tristeza y dolor. Aquí no se trata de imaginar, sino de ver. Experimentalmente en mí veo los efectos: la gran dificultad que siento para las cosas del espíritu, particularmente para la práctica de la virtud… desorden en los sentimientos, los hombres no se entienden unos con otros, y cada uno tampoco consigo mismo; por todas partes mentira y maldad; no encuentro un amigo fiel, ni un espíritu noble; en todas partes vicios e ignorancia… Es cierto que Dios no quiso así el mundo. Lo que pasa ahora es efecto de la culpa del Paraíso”

Por supuesto que hay que buscar ser lo más felices que podamos -de hecho ese instituto de felicidad es algo imborrable en nosotros-, pero hay que tener cuidado de que esto no implique alguna componenda con el pecado…

Dejando de lado el pecado –al menos el deliberadamente consentido– y suponiendo la gracia de Dios, que es ya la incoación de la vida eterna, podemos y debemos vivir lo más felizmente que nos sea posible.

Escribe hermosamente San Alberto Hurtado: (Está hablando de los que se evaden de la realidad y de los que filosofan erradamente sobre el hombre y su fin; texto completo al final, bien vale la pena)

“Para ambos grupos el fondo, confesado o no, es que la vida es triste, un gran dolor, y termina con un gran fracaso: la muerte. Y por eso, para no ser vencidos por ella, muchos se le anticipan y le salen al encuentro. El suicidio tan común en los paganos y que, a manera de epidemia, ha penetrado en Europa entre vencidos y vencedores.

Y sin embargo, la vida no es triste sino alegre; el mundo no es un desierto, sino un jardín; nacemos, no para sufrir, sino para gozar; el fin de esta vida no es morir sino vivir. ¿Cuál es la filosofía que nos enseña esta doctrina? ¡¡El Cristianismo!!

– «¿Cómo, preguntará alguna escandalizada, usted pretende cambiar las palabras de Yahvé: Comerás el pan con el sudor de tu frente; darás a luz con dolores; la tierra con esfuerzo entregará sus frutos, tendrás enfermedades y muerte? ¿No decimos acaso en la Salve que esta tierra es un valle de lágrimas? ¿No dijo acaso Jesús que el que quisiera ir tras Él tomara su Cruz y lo siguiera? ¿Y San Pablo, que no conocía sino a Cristo y a Cristo crucificado?» (cf. Gn 3,16-19; Mt 16,24; 1Cor 2,2).

– Sí, todo esto es verdad, verdad sagrada. Pero nada de ello impide que para el cristiano esta vida sea camino de alegría, fuente de aguas vivas y frescas que saltan hasta la vida eterna (cf. Jn 7,38), clima de paz, de esa paz que nos dejó Cristo, que el mundo no conoce, pero que es la satisfacción del orden, la saciedad del amor”

Bueno, después de este texto no tengo mucho más que agregar, solo algo que decía una vez un sacerdote amigo, muy trabajador y sacrificado, en unos días de descanso y antes de tirarse en un lago: “qué bien la pasamos en este valle de lágrimas”… Es por esto que la alegría Pascual no se contrapone en absoluto con la idea del “valle”. Volvemos, para terminar, al P. Hurtado:

“Esta vida es preciosa en cuanto nos revela, en sus sombras y figuras, la existencia y los atributos del Dios Todopoderoso; es preciosa porque nos permite tratar con almas inmortales que están como nosotros en la prueba, es preciosa porque nos permite ayudarlas a conocer a Cristo y nos permite remover los obstáculos que el mundo ofrece a la gracia, nos permite hacer de esta tierra algo menos indigno de Dios. Algo que revela aunque en forma imperfecta la belleza anticipada de la Gloria… ¿Dolores? En esta vida tendremos dolores, pero los dolores no son puro castigo, como tampoco morir es puro castigo. Es bello poder sufrir por Cristo. Él primero sufrió por nosotros” (Un disparo… p. 211)

Aquella que millones de veces recibió la Salve, sabe, más que nadie, lo que implica vivir ya en esta vida junto al Señor -con la indecible felicidad que esto conlleva-, y gustar también aquí esas profundas amarguras propias de quien todavía vive en el destierro. ¡A Ella nos encomendamos!


P. Gustavo Lombardo, IVE | Publicado originalmente en:
 El Verbo era la Luz