¿Quién dijo que la Cuaresma es sufrimiento? La Cuaresma es victoria y alegría…

hombre-caminando-pies-descalsos-sucio-camino-de-arena_thumb[2]

La Cuaresma debe ser entendida entonces como un tiempo en el que salimos de la hibernación al amanecer del mundo…

“Memento homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris”. (Recuerda hombre, que polvo eres y en polvo te convertirás)

¡Qué alegre! Todos los católicos amamos el Miércoles de Ceniza- tanto como todo católico ama la cuaresma. ¡Cuarenta días es mucho tiempo!

Estas ideas se cruzaban por mi cabeza mientras salía de la iglesia con las cejas marcadas por esta insignia Católica, pasando justo al lado de un joven sacerdote que saludaba a los parroquianos en el vestíbulo. “Feliz Cuaresma Padre“, le dije irónicamente; pero él me derroto – a mí y a mi sarcasmo – con su respuesta:

“¡Lo sé! ¡Feliz Cuaresma para usted también! Es mi época del año favorita también. Es muy alegre”

Memento homo…la Cuaresma no es nada por lo que nos debamos deprimir, a pesar de que aquella famosa frase que se pronuncia el Miércoles de Ceniza parezca tan triste.

Estas palabras por el contrario, son algo que nos debe exaltar porque señalan hacia el más allá. El polvo no es el final, eso sería ciertamente una derrota.

Cuaresma es victoria

El punto de la Cuaresma no es la derrota, sino la victoria y una victoria gozosa. La Cuaresma es una época de austeridad, pero no de miseria. La Cuaresma es una época de sobriedad, pero no de sombras.

La cuaresma es para sacrificarnos, pero no para entristecernos. De hecho, una de las mejores cosas que podemos entregar en Cuaresma es la melancolía.

El sexto capítulo de San Mateo captura el espíritu de una Cuaresma Feliz de manera memorable y magnifica.

Las principales obras de la Cuaresma son la limosna, la oración y el ayuno; y la principal actitud de la Cuaresma es la de comunión personal y directa con Dios y con un gozo que crece día a día.

Pero ese gozo no es solo un show hipócrita, el gusto de hacer algo bueno por sí mismo, es de las prácticas que más nos llenan y nos animan. Nos otorga gozo que es la base de la santidad: una prueba anticipada del cielo aquí en la tierra- y como todos sabemos del Catecismo de la Iglesia- es el lugar donde Dios quiere que seamos felices con El para siempre. El show del hipócrita generalmente está lleno de sentimientos que no son felicidad.

“Y cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas; porque ellos desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que están ayunando. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no hacer ver a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”. (Mateo 6,16-18)

En Cuaresma la vida se renueva

La cuaresma – por todas sus fundamentales asociaciones – tiene su raíz en plena primavera.

La palabra Cuaresma viene del latín Cuadragessima que se refiere originalmente a la primavera y a los 40 días de ayuno que sucedían antes de la pascua. Días más largos, llenos de luz, de luminosidad, de vida que se renueva.

La Cuaresma debe ser entendida entonces como un tiempo en el que salimos de la hibernación al amanecer del mundo. Todos somos llamados a tener una nueva comprensión y participación en la creación de la Resurrección- que es algo que debe llenarnos de regocijo y gozo.

Las privaciones y la disciplina de la Cuaresma deben ser entendidas y tomadas como una fuerza vigorizante para el bienestar de nuestra salud, fuerza y felicidad.

Y como con todo lo que nos llena de gozo –a diferencia de lo que es puro placer- se requiere de cierto esfuerzo: un pasaje, un peregrinar. Los peregrinajes son difíciles pero alegres.

Una de las razones para esto es el chiste de que los peregrinajes dejan ver un amplio espectro de la humanidad que conforma la Iglesia: santos, pecadores, los caminantes, todos caminando y tropezando en su camino hacia una meta común, hacia la eternidad.

Como los peregrinos que somos todos, la Cuaresma nos llama al ascetismo del Camino y nos reta, nos invita a regocijarnos en ella para encontrar felicidad en la santidad: así en la tierra como en el cielo.

Cuaresma: estamos llamados a reír

Las enseñanzas de Cristo nos indican que la Cuaresma no es un tiempo para obtener la recompensa por la mortificación externa. La cuaresma es un tiempo para obtener recompensas de Dios con júbilo a pesar de la mortificación oculta.

A pesar de que estamos llamados a sufrir en la Cuaresma, también estamos llamados a reír en la Cuaresma. No existe cosa tal como un santo triste.

Termina el sufrimiento, cuando el alma humana encuentra la fuente más profunda de contentamiento. La paradoja de la felicidad, esta felicidad de la santidad, es algo que no puede ocultarse.

Dios nos da el don del gozo para compartirlo, y la Cuaresma es de los tiempos, el tiempo para compartir, para dar, y para hacer a las otras personas felices. Si bien el viaje de la

Cuaresma es uno que debe ser únicamente entre el penitente y Dios, esto no quiere decir que el agrado que surge de la reconciliación no sea capaz de sacudir al mundo como una fanfarria de trompetas.

A pesar que tu mano izquierda no debe saber lo que hace la derecha, si puedes dejar que tu vecino sepa que estas feliz. Esta es la esencia de la Cuaresma: renovar nuestra fe con gozo y recobrar la novedad de la vida- alargar nuestros días con luz, junto también, con los días de nuestros hermanos.

Uno de los epítetos de Nuestro Señor es Varón de Dolores, tal como es retratado en las profecías de Isaías. Su dolor fue la emoción que los evangelios mencionan con más detalle, cuando lloraba por Jerusalén y por su amigo Lázaro. ¡Su pasión fue por supuesto, un dolor – ten misericordia de nosotros y del mundo entero! Si bien es cierto que Cristo fue, de una forma internas, un Varón de Dolores, nunca dejo de ser un Dios Exultante.

Hay un salvaje y maravilloso pasaje de la obra de G. K. Chesterton, que nos presenta a este Varón de Dolores desde otro Angulo:

Él nunca contuvo sus lágrimas, las mostró abiertamente con su rostro a la luz del día, tales como la vista a lo lejos de ciudad natal. Los hombres más fuertes y solemnes y los grandes diplomáticos reales contienen su rabia con orgullo. Él nunca contuvo su enojo. Él lanzó mesas de cambio de las gradas del Templo y les dijo a los hombres que no esperaran salvarse de la condenación del Infierno. Pero si se contuvo de algo y lo digo con mucha reverencia; había algo en su fuerte personalidad, un leve dejo de algo que podemos llamar timidez.

Había algo que escondía de todos los hombres cuando subía a una montaña a orar. Había algo que constantemente tapaba con un silencio abrupto o aislamiento impetuoso. Había una cosa que era demasiado grande para que Dios nos lo mostrara cuando camino sobre la tierra; y yo a veces creo de manera fantasiosa que era su alegría.

Esta tremenda figura que llena el evangelio puede haber sido el Varón de Dolores, pero solo porque ocultaba Su felicidad, una felicidad celestial que habría aplastado a los mortales terrestres con su humor.

La humanidad fue capaz de soportar las lágrimas de Dios, pero nunca podrían ser capaces de soportar semejante alegría. Es por eso que sus seguidores debemos dejar brillar a través nuestras vidas, como lo hace la luz del sol en el cielo- una luminosidad que es gozo en lo que se goza.

No seamos hombres de sufrimientos, especialmente durante la Cuaresma. Al contrario, expongamos y compartamos la alegría escondida en Cristo. La Cuaresma es un tiempo para exponerlo: un tiempo de luz, de vida y de felicidad.

Adaptación y traducción por Manuel Rivas para PildorasdeFe.net, del artículo publicado en: Catholic Exchange, autor: Sean Fitzpatrick