Santa Inés. Virgen y mártir. Patrona de las novias y de la pureza


Con apenas 12 años, Santa Inés fue mártir de la fe, defendiendo con valentía su castidad. Muere pura con una fe inquebrantable


Santa Inés, Virgen y mártir
Fiesta: 21 de Enero

Martirologio romano: Santa Inés, Virgen y mártir, siendo aún adolescente, ofreció en Roma el supremo testimonio de la fe, consagrando con el martirio el título de la castidad. Obtuvo victoria sobre su edad y sobre el tirano, suscitó una gran admiración ante el pueblo y adquirió una mayor gloria ante el Señor. Muere pura, imitando a su amado, el Cordero de Dios. Hoy se celebra el día de su sepultura

Santa Inés, una adolescente de 12 años, tuvo un brevísimo paso por este mundo, sin embargo, fue suficiente para dar fiel testimonio de la luz, entregándose por completo al Amor de nuestro Señor Jesús. Gracias a su intensa y profunda fe, es modelo de santidad. Entregó su vida por Cristo. Algunos Padres de la Iglesia como San Ambrosio, San Agustín, San Jerónimo, San Dámaso, y algunos Papas entre otros, con sus testimonios hacen de ella una de las mártires más célebres y universales de la Iglesia.

Biografía

Santa Inés nació al rededor del año 290. Pertenecía a una noble familia romana. La joven recibió muy buena educación cristiana y había consagrado su virginidad al Señor Jesús.

Debido a sus riquezas y hermosura, la santa fue pretendida por varios hombres, incluso por el hijo del alcalde de Roma, el cual le prometió grandes regalos a cambio de la promesa de matrimonio. Pero ella, fiel a su Esposo Jesús, le respondió:

“He sido solicitada por otro Amante. Yo amo a Cristo. Seré la esposa de Aquel cuya Madre es Virgen; lo amaré y seguiré siendo casta”.

La dura prueba a su castidad

Ante esta negativa, el hijo del alcalde la denunció como cristiana al gobernador (en este tiempo se azotaban y perseguían a los cristianos para que renegaran de su Fe, persecución de Diocleciano) El gobernador intentaba convencer a la joven con toda clase de amenazas, pero Inés no renegaría jamás de su Fe, se encontraba enamorada de Cristo y eso le hacía contar con la valentía suficiente para no ceder ante toda clase de torturas.

Al no lograr convencerla, el gobernador la envió a una casa de prostitución, donde acudieron muchos jóvenes licenciosos pero que no se atrevieron a acercársele, pues se llenaron de terror y espanto al ser observados por la santa. Ningún hombre pudo profanar ese cuerpo virgen, templo del Señor. El gobernador enfurecido la condenó a ser decapitada. La apresó y la amenazó con las llamas. Pero todo en vano. Finalmente resuelve condenarla a muerte degollada.

El martirio

Cuando la joven Inés se encuentra a punto de entregar su vida, le dice al gobernador unas palabras que hasta el día de hoy resuenan a todo lo ancho del mundo del Cristianismo y que se rezan en el Oficio Divino de Santa Inés:

“La esposa injuria a su esposo si acepta el amor de otros pretendientes. Únicamente será mi esposo el que primero me eligió, Jesucristo. ¿Por qué tardas tanto verdugo? Perezca este cuerpo que no quiero sea de ojos que no deseo complacer”.

Llegado el momento del martirio, Inés se pone a rezar y espera sin temor la llegada de su propia muerte.

Permaneció imperturbable entre las crueles manos del verdugo, inalterable al ser arrastrada por las pesadas cadenas que le causaban dolencias a su diminuto cuerpo, ofrece su vida a la espada del enfurecido soldado, sin conocer aún el dolor que iba a padecer a ese tipo de muerte, pero dispuesta a sufrirla con valentía con tal de permanecer fiel al Señor. Estando entre las llamas abría sus brazos de par en par hacia Cristo y en medio de la cruel hoguera que le arrebataba su vida, abrazaba así la corona de los Santos.

Sus restos fueron enterrados en la Vía Nomentana, en las llamadas catacumbas de Santa Inés.

Un antiguo rito, que aún se sigue celebrando en la actualidad, hace eterno el recuerdo de este ejemplo heroico de pureza y valentía:

En la mañana del 21 de enero se bendicen dos corderitos, que después ofrecen al Papa para que con su lana sean tejidos los palios destinados a los Arzobispos. Este antiguo rito tiene lugar en la Iglesia de Santa Inés, construida por Constantina, hija del Emperador Constantino, hacia el año 345.

Oración:

Gloriosa Santa Inés, virgen y mártir. El testimonio de tu amor a la virtud y la valiente confesión de tu fe han sido admirables. ¡Cómo supiste despreciarlo todo y a todos por Dios! Ayúdanos a valorar justamente todas las cosas y circunstancias de la vida y danos fortaleza para vivir consecuentemente y en fidelidad. Vemos tu vida y te admiramos. Ayúdanos a imitarte. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén


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