Santa Liduvina. Patrona de los que sufren enfermedades crónicas y dolencias

Santa Liduvina soportó con paciencia el dolor de sus enfermedades. Le aparece una Hostia Brillante confirmando la voluntad de Dios en ella…

Santa Liduvina fue una joven que encontró el amor de Dios en el sufrimiento y ofreció todos sus dolores y enfermedades por la conversión de los pecadores. A los 15 años ella sufrió un terrible accidente mientras patinaba sobre hielo en donde se rompe una costilla y además sufre de severas lesiones internas. Se mantuvo en cama por unos 38 años más hasta el día de su muerte. Luego le surgieron otras enfermedades incurables. Santa Liduvina, con todos estos dolores insoportables se encontraba desesperada hasta que su sufrimiento comenzó a cobrar sentido, cuando conoció al sacerdote, John de Pot., y entonces decide ofrecer sus dolores por la salvación de los demás. En sus oraciones, Santa Liduvina pidió una señal divina para confirmar que esto ha sido la voluntad de Dios y entonces aparece una Hostia Eucarística Brillante, a la que también sus familiares la pudieron ver. Desde ese día, su casa se convierte en un destino para los peregrinos de todo el norte de Europa.

Fiesta: 14 de abril

Martirologio romano: En Schiedam, Gelderland, Países Bajos en la actualidad, Santa Liduvina, que, siendo virgen, soportó pacientemente la vida llevando las enfermedades del cuerpo, y que, confiando sólo en Dios, ofreció todo esto por la conversión de los pecadores y la liberación de las almas

Biografía de Santa Liduvina

Santa Liduvina, en sus dulces 15 años, se encontraba patinando con algunas amigas en las heladas inmensidades de la aldea de Schiedam, Holanda, donde nació en 1380, y de repente se cae estrepitosamente y se rompe una costilla y además sufre de algunas lesiones internas. Luego que la llevaron a su casa, la colocaron en una cama, allí se mantendría por unos 38 años más hasta el día de su muerte.

Después de esta tragedia, en secuencia, a Santa Liduvina le surgieron otras enfermedades, a lo que los médicos se sentían impotentes, pués no le encontraban la cura. Liduvina, con todos estos dolores indescriptible e insoportables, no muere, se encuentra al borde de la desesperación por no encontrar la forma de salir de esta condición

Dios ayuda a Santa Liduvina a entender lo que le sucede mediate la ayuda de un sacerdote, el Padre John de Pot, quien le ofrecía discursos serenos sobre el sufrimiento acerca de la Pasión de Jesús.

Del mismo modo, el Padre John le dice a Santa Liduvina que la fractura y sus otros males no son más que un desastre pero con gran sentido cuando los basa en el Señor, ella comprende que desde su cama puede colaborar en la redención; y ofrece Su dolor está la salvación de los demás.

Una señal del Cielo

Santa Liduvina acepta la propuesta del Padre: si el dolor tiene ese sentido y esa función, entonces ella lo toma de esa manera. Sólo, pide algo, una señal desde arriba que confirme que esto ha sido la voluntad divina.

Y así lo consiguió Santa Liduvina. Sobre su cabeza aparece una Hostia eucarística brillante, a la que también la ven los familiares y vecinos, que luego se niegan a escuchar al pastor, quien se fue huyendo diciéndo que eso era un fraude del demonio. De hecho, recurren al obispo, quien envía a otro sacerdote.

Un milagro viviente

Después del hecho, es natural que a la casa de Santa Liduvina lleguen mucha gente de los países vecinos. El relato del milagro se esparce como si lo llevase el viento.

Con el tiempo, muchos otros peregrinos vienen de Rotterdam, desde varios lugares en el Condado de Holanda. Y luego de Flandes, Alemania, incluso de Inglaterra. Ya no vienen para escuchar sobre el milagro de aquel día. Vienen por ella, porque ahora ella se ha convertido en un milagro viviente.

La casa de Santa Liduvina es ahora un lugar de esperanza. Su voz lleva a la oración y dirige la vida de cuantos llegan contándoles sus problemas: enfermos y sanos, buenos cristianos y villanos, ricos y pobres.

Santa Liduvina los acoge a todos: escucha, habla, sufre, encomienda a Dios a todos sus visitantes. Todos los que dejan su casa se van llenos de gozo como provenientes de una fiesta: los enfermos incurables son libre de sus males secretos.

Su trabajo termina en la Semana Santa de 1433, cuando anunció sobrenaturalmente la muerte inminente, que viene el martes después de Pascua.

Santa Liduvina pasó días y días sin comida, y fue reducida a una sombra y una voz. En 1890 el Papa León XIII autoriza el culto en su honor.

Santa Liduvina, ruega por nosotros y por todos los enfermos. Amén

 

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