SEMBRADORES DE LIBERTAD…

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La parábola del sembrador que el Señor nos ilustra, es una excelente enseñanza para reflexionar con relación a la participación en la siembra por la libertad…

La humanidad está integrada por un sin número de personas quienes sin saberlo realizan labores de ser “sembradores”. A cada ser humano Dios Padre le ha iluminado el arte, la habilidad y destreza para desarrollarla y hacer el bien a la sociedad, sin embargo también se cuentan aquellas personas que divagan por el mundo haciendo el mal, sembrando la cizaña, que el maligno le ha engendrado en su corazón.

Todo germina en la Viña del Señor, hay sembradores de la Palabra de Dios, tanto sacerdotes como religiosas, religiosos y seglares, son hombres y mujeres, jóvenes de y niños quienes fuera de la santa Iglesia católica predican con su testimonio de vida, haciendo buenas obras de misericordia y llevando la presencia del Señor y la Santísima Virgen María en las oraciones del Santo Rosario y demás invocaciones espirituales para la santificación de la comunidad; sembradores de fe, esperanza y el amor. (1 Cor. 13, 13)

Sembradores de familias honradas, honestas, respetadas y dignas de ser templos del Espíritu Santo, viven sembrando la semilla de la unidad, paz, armonía y amor familiar. Siembran la semilla de los principios morales, virtudes y generosidad; siembran carismas del respeto por la vida, por la piedad, la fortaleza espiritual y el Santo Temor de Dios; siembran la vocación por el estudio, el trabajo, la responsabilidad y el compromiso con las obligaciones y el cumplimiento con las decisiones asumidas, ya sea con familiares o particulares.

Sembradores de Luz, “Maestros y Profesores ilustres”, hombres y mujeres cultivadores de la cultura, sabiduría, ciencia, conocimientos del saber, del progreso y la prosperidad; sembradores de esperanza, de sueños que se harán realidad, hombres de éxito y superación personal, intelectual, profesional y espiritual; sembradores de conciencia ciudadana, de honestidad, honradez y respetuosos de la ley y las buenas costumbres; sembradores del Amor de Dios y del prójimo.

En este mismo orden de ideas, es triste reconocer también que hay seres humanos, hermanos de la gran familia venezolana, que son sembradores de cizaña, personas llenas de maldad que se alimentan con el sufrimiento y el dolor del prójimo; sembradores de violencia, furia, de odio, de la ira y la saña; sembradores de corrupción, de prostitución, de distribución y comercialización de drogas; sembradores de delincuencia, de chantaje, soborno, estafa y demás fechorías; sembradores de confusión, de discordias y divisiones de las buenas relaciones humanas; sembradores de la desidia, vagancia y robo, son personas resentidas sociales, ambiciosas del dinero, del poder social y económico: sembradores de tortura, del dolor y sufrimiento de sus propios hermanos, amigos y paisanos; en síntesis, son personas inescrupulosas sembradores de miseria, del hambre de la muerte. Dice el Señor “Por sus frutos los conoceréis” (Mt. 7, 15-20) (Lc. 6, 43-45)

Así mismo, en la Viña del Señor, hay en nuestro país, muchas personas que son sembradores de libertad, hombres y mujeres (con mayor trascendencia jóvenes) quienes ofrendan sus vidas, sufrimientos, persecuciones y daños corporales, con el único objetivo de lograr la paz, unidad, hermandad, justicia y libertad de todos los venezolanos; jóvenes que arriesgan sus vidas por librar a Venezuela de la esclavitud, del atraso social y económico, del oscurantismo y la represión; son sembradores de valentía, de patriotismo y heroísmo; sembradores de unidad, de lucha y perseverancia, de nobles ideales patrióticos; sembradores de un futuro provisor de desarrollo y progreso para el país; sembradores de calidad de vida corporal y espiritual, de sonrisas, alegría y felicidad; sembradores del orgullo de ser Venezolanos, de ser buenos ciudadanos, leales, hombres y mujeres cabales; sembradores de Vida.

La parábola del sembrador que el Señor nos ilustra, es una excelente enseñanza para reflexionar con relación a la participación en la siembra por la libertad, Él nos dice: “El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.». Que nadie se quede sin sembrar la buena semilla de la paz, la justicia y la libertad que el país necesita para florecer y fructificar como la patria libre y soberana. El país del “Gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó, la ley respetando, la virtud y el honor…”


Olivo Martínez
arbololivo@hotmail.com
Ministro de la Eucaristía
Parroquia San Juan Apóstol
Mérida – Venezuela