¡Sembrando en el terreno de nuestros corazones!…

Siempre debemos estar dispuestos a ser terreno fértil para el Señor, para que la semilla dé frutos buenos a su tiempo…

Oración introductoria

Amadísimo Padre, al comenzar este día te doy antes que todo por todas las bendiciones que de Ti he recibido. Te ruego que hoy, pueda vivir en completa paz todas las personas con las que me voy a encontrar. Todos los días al levantarme pienso en Ti, porque creo que sólo Tú me puedes dar la fortaleza y la paz que necesito para seguir creciendo y avanzando. Confío en tu ayuda y en tu bondad, confío en que mañana será mejor que el presente porque sé que estás a mi lado para bendecirme y corregirme. Te entrego mi corazón perturbado, para que alejes de él todo miedo y puedas regresármelo renovado en tu amor. Amén.

Sembrando en el terreno de nuestros corazones

Jesús, nos enseña que su Palabra es semilla, que Él siembra, de forma muy sutil y paciente, en el terreno de nuestros corazones. A veces, nuestra fe es superficial y rápidamente la perdemos. En otras ocasiones, estamos llenos de alegría al encontrarnos con el Señor, pero las preocupaciones de la vida nos roban la paz y la confianza en su poder.

Tenemos que reconocer que somos débiles y que tenemos miedo de las dificultades y el sufrimiento, pero lo que realmente quisiéramos y es lo que debemos anhelar en todo momento, es que siempre estemos dispuestos a ser terreno fértil para el Señor, para que la semilla dé frutos buenos a su tiempo. Para ello, debemos acoger su Palabra todos los días, preservarla contra las manos del enemigo que quiere destruirla, cuidarla a diario hasta que dé su fruto. Sólo así estaremos más cercanos a la verdadera felicidad.

La ausencia de amor ha desorganizado a la humanidad, y la falta de perdón hace que la vida sea amarga, dolorosa, infeliz. Pidamos al Señor que plante en nuestros corazones, la semilla del amor y del perdón, para que así podamos crecer en humildad y en santidad. Recordemos que las bendiciones de Dios llegan victoriosas, fecundas y múltiples, a los corazones amorosos y perdonadores de los creyentes. ¡Ánimo, Dios te espera renovado y listo para dar frutos. Amén

Oración final

Oh mi Señor, sentir tu amor, tu ternura, tu fidelidad es algo tan maravilloso que no puedo ni un segundo acallar las voces internas que quieren salir gritando a viva voz al mundo para pronunciar que: “Sólo Tú puedes hacernos felices”. Confío en Ti, te amo y sé que si estoy en tus manos, todo saldrá bien. Hazme cada día más fuerte para poder enfrentar todas las situaciones complicadas de la vida. No quiero vivir angustiado nunca más. Sé que como un buen Padre que me amas, me darás todo aquello que me conviene. Confío plenamente en tus manifestaciones de amor, en tu dulzura y en tu misericordia desbordante. Creo en tu amor, el cual es la más poderosa de todas tus virtudes, porque con él, sanas y liberas. Amén.

Propósito:

Toma un crucifijo entre tus manos, y realiza una pequeña oración de sanación, entabla un diálogo con Jesús y pídele que te ayude a sanar las heridas más profundas de tu corazón.

Meditemos juntos esta frase:

“Tu amor me estaba esperando desde la infancia, ha crecido conmigo y al presente es un abismo cuyas profundidades no puedo sondear. El amor llama al amor. Por eso, mi amor me lanza a ti y quisiera colmar al abismo que lo atrae.” Santa Teresita del Niño Jesús


Autor: Qriswell J. Quero
Fuente: PildorasdeFe.net