VIDEO: Hoy es la fiesta Santo Tomás Apóstol, patrono de jueces, arquitectos y teólogos…

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¡Señor mío y Dios mío! Santo Tomás se convierte en la primera persona en reconocer la divinidad de Jesús…

Santo Tomás. Apóstol del Señor.
Fiesta: 03 de Julio

Resumen: En Calamina (cerca de Madrás en la India). Fiesta de Santo Tomás Apóstol, quien, no creyendo que Jesús se le apareció a los otros discípulos después de ser sepultado, Jesús se le aparece y le dice que meta su dedo en la herida de su costado traspasado, exclamando: “¡Señor mío y Dios mío”. Con ese impulso de fe, se cree que fue a predicar la palabra del Evangelio a los Partos y finalmente entre los pueblos de la India, donde convirtió a numerosas tribus al cristianismo. Fue atravesado por lanzas por orden del rey.

Santo Tomás, pasó de ser el discípulo que, en un principio no creía en la resurrección de Jesús, a ser uno de los primeros testigos de la fe en la Iglesia primitiva al confesar la divinidad del Señor. La Iglesia ha sido por siempre amante del testimonio de este Apóstol y todos los días en la Santa Misa, pone en nuestra boca esas palabras sencillas mediante el cual se expresa el fervor de la restauración de nuestra fe: “¡Señor mío y Dios mío!”.

Biografía

El nombre de Santo Tomás, en arameo (Te´oma) y griego (Dídimo) significa “gemelo”; En el Evangelio de Juan (11,16) lo identifica como “Tomás, llamado el Mellizo

En raras ocasiones durante la vida de Jesús qué él se destacan entre sus colegas. No es la instancia antes de la resurrección de Lázaro, cuando Jesús estaba todavía en Perea y Tomás exclamó: “Vamos también nosotros y muramos con Él.” Más conocida es su expresión de incredulidad después de la muerte del Señor, dando lugar a la frase “Tomás el incrédulo”. Sin embargo, el pasaje evangélico que describe el incidente se encuentra entre los más conmovedores de las Sagradas Escrituras.

Se sabe que Santo Tomás predicó el Evangelio en Asia más allá de las fronteras del Imperio Romano, probablemente en Persia y, posiblemente, en lugares tan lejanos como la India.

En las lecciones dadas en los escritos del Papa San Gregorio Magno, hace las siguientes reflexiones con respecto a la vida de Santo Tomás:

“Más provechosa fue para nuestra fe la incredulidad de Tomás que la fe de los otros discípulos, ya que, al ser él inducido a creer por el hecho de haber palpado, nuestra mente, libre de toda duda, es confirmada en la fe. De este modo, en efecto, aquel discípulo que dudó y que palpó se convirtió en testigo de la realidad de la resurrección.

Palpó y exclamó: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído?» Como sea, el apóstol Pablo dice: La fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve, es evidente que la fe es la plena convicción de aquellas realidades que no podemos ver, porque las que vemos ya no son objeto de fe, sino de conocimiento.

Por consiguiente, si Tomás vio y palpó, ¿cómo es que le dice el Señor: Porque me has visto creído? Pero es que lo que creyó superaba a lo que vio. En efecto, un hombre mortal no puede ver la divinidad. Por esto, lo que él vio fue la humanidad de Jesús, pero confesó su divinidad al decir: ¡Señor mío y Dios mío! Él, pues, creyó, con todo y lo que vio, ya que, teniendo ante sus ojos a un hombre verdadero, lo proclamó Dios, cosa que escapaba a su mirada” (San Gregorio Magno, Papa. Homilía. ¡Señor mío y Dios mío!)

La pasión de Santo Tomás por Jesús

Su pasión por Jesús se expresa claramente en el Evangelio de Juan (11,5-16) cuando Jesús planeaba regresar a Judea para ir a ver a su amigo Lázaro quien había muerto, y los discípulos con un tono de incredulidad le advertían: «Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y quieres volver allá?”» (v 11,8), a la que luego, Santo Tomás respondió: “Vayamos también nosotros a morir con él”

En la Última Cena (Juan 14,1-7) Santo Tomás comprendió bien lo que quiso decir Jesús quiso cuando dijo: “Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy.” Por lo que luego le dijo al Señor: “Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?” Y Jesús le respondió, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”.

Meter los dedos en las llagas

Una de las frases más conocidas en el mundo por este Santo, se desarrolla luego de la Resurrección de Jesús, en el Evangelio de Juan (20,19-29), cuando, el incrédulo Tomás, le dijo abiertamente a los demás discípulos que no creería hasta metiera sus dedos en sus llagas; es entonces que Jesús se aparece en medio de sus discípulos y le dice a Santo Tomás que toque sus heridas, a lo que, el Santo exclama una verdad irrefutable que hasta los tiempos actuales, todos los cristianos católicos repetimos cada día en cada Misa celebrada en mundo: ¡Señor mío y Dios mío!. Santo Tomás se convierte en la primera persona en reconocer la divinidad de Jesús.

Las historias que se ciñen luego de estos hechos, sobre la vida de Tomás, son muy inciertas. La tradición cristiana coloca a Santo Tomás predicando la Palabra de Dios y realizando su apostolado en la India, donde es reconocido como el fundador de la Iglesia de los Malabar cristianos sirios, o cristianos de Santo Tomás.

En los Hechos apócrifos de Tomás, originalmente compuesto en siríaco, su martirio se cita bajo el dominio del rey de Mylapore en Madrás (India) en donde muere atravesado por lanzas por orden del rey.

Sus reliquias, sin embargo, fueron llevadas a Occidente y finalmente consagradas en Ortona, Italia.

Santo Tomás es patrono de aquellos que luchan contra la duda; arquitectos; ciegos; trabajadores de la construcción; albañiles; Jueces canteros y teólogos

BIOGRAFIA SEGUN ACI

LIMA, 03 Jul. 16 / 12:03 am (ACI).- Cada 3 julio la Iglesia Católica celebra la fiesta de Santo Tomás Apóstol, el pescador de Galilea que hizo la confesión de fe: “Señor Mío y Dios Mío”, luego que Jesús, a los ocho días de haber resucitado, se apareció nuevamente ante sus discípulos y lo invita a meter su mano en la llaga de su costado.

El Evangelio de San Juan narra la incredulidad de Santo Tomás ante las palabras de los discípulos que decían: “Hemos visto al Señor”, a lo que contestó: “si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, y si no meto mis dedos en los agujeros sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su costado, no creeré”. Es por eso que frente a la invitación del Señor de acercarse, el Santo cae postrado ante él.

“Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído”, dijo el Señor luego que Tomás reconoce que es Dios.

También por este Apóstol Jesús revela “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”, luego que este le preguntara: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”

Santo Tomás predicó en Persia y otros lugares cercanos, así como en Etiopía e India donde la tradición cuenta que sufrió el martirio.

Al Santo se le atribuye el cinto de la Santísima Virgen María, con el que es a veces representado ya que una leyenda relata que él no creía en la Asunción, e hizo abrir la tumba de la Virgen encontrándola llena de flores.

La Tradición señala que la Madre de Dios, desde el cielo, desató su cinturón y lo dejó caer en las manos del Apóstol.

Santo Tomás es patrono de los arquitectos, constructores, jueces, teólogos y de las ciudades de Prato, Parma y Urbino en Italia.

El Papa Francisco, en la fiesta del Santo en 2013, recordó a los fieles que “el Señor sabe por qué hace las cosas. A cada uno de nosotros le da el tiempo que él piensa que es mejor para nosotros. A Tomás le ha concedido una semana. Jesús se presenta con sus llagas: todo su cuerpo estaba limpio, hermoso, lleno de luz, pero las llagas estaban y están todavía, y cuando el Señor vendrá, al final del mundo, nos enseñará sus llagas”.

“Tomás, para creer, quería meter sus dedos en las llagas: era un testarudo. Pero el Señor quiso precisamente un testarudo para hacernos comprender algo más grande. Tomás vio al Señor, que le invitó a meter el dedo en la herida de los clavos, a poner su mano en el costado y no dijo: es verdad: el Señor ha resucitado. ¡No! Fue más allá. Dijo: ¡Dios! Es el primer discípulo que confiesa la la divinidad de Cristo después de la resurrección. Y que adora”.


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